Incendios políticos

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

ERA LO que nos faltaba: que a los incendios forestales vinieran a sucederles los incendios políticos, con nuestros representantes públicos enfrascados en un intercambio de acusaciones sin ton ni son. No nos merecemos tan poca altura política ni tanta falta de respeto a los ciudadanos. Hay que poner un punto y detener esta fabulación absurda de culpables (que siempre son los otros y nunca uno mismo, claro). No se trata de salir impolutos de la quema, sino de ponerle remedio. Porque el monte ya ardió, y ardió en serio, y ahora sólo cabe demostrar ambición y altura de miras para que semejante desastre no se repita. Es necesario esclarecer responsabilidades, como debe hacerse en democracia, pero sin convertir el proceso en una lamentable caza de brujas (de hoy o de ayer). No valen las satanizaciones sectarias, ni es eso lo que esperan y demandan los gallegos. No debieran perderse nuestros políticos en esa verborrea para incautos que se reduce a un penoso «y tú más» en el ámbito de las culpas. Tampoco se trata de que se líen a adoptar medidas precipitadas para demostrar que se reacciona ante el desastre. No van por ahí las esperanzas de un vecindario que no pide milagros, sino sensatez y eficacia. El fuego volverá en años venideros y debe cogernos mucho mejor preparados. Esta es la cuestión, se vea desde donde se vea, desde la balconada del PP o desde la del PSOE o el BNG. Ni los populares pueden convertirse en jueces de la debacle de este año (tuvieron tiempo para preverla) ni los miembros del Gobierno bipartito pueden felicitarse de tal manera que parece que han fallado todos menos ellos. Que no se equivoque nadie: nos interesa conocer los fallos, que los hubo, pero mucho más nos interesan los remedios, que también los hay (esos remedios que se deben encontrar y que deben concordar con la realidad, esto es, con la situación, las posibilidades y los intereses de esos vecinos que se batieron valerosamente con el fuego. Se lo merecen). La política es una noble dedicación que debe buscar el bien común. Se desencamina cuando se vuelve egoísmo y apego a los sillones. En Galicia todavía estamos a tiempo, pero deben evitarse los malos pasos: esos incendios políticos que asoman. Están de más.