SI NUNCA has tocado el poder, puedes dedicarte a vender utopía: xa verás cando cheguen os nosos... Tal fue la historia del BNG, que a rebufo del fulgor de Beiras fue creciendo como un sueño idealista, sin gestionar nada de peso hasta finales de los 90, cuando logra las alcaldías de Pontevedra, Vigo y Ferrol. Al tener que responder con realidades tangibles, se descubrió que el Bloque era un partido como cualquier otro: unas veces acierta y otras falla, dependiendo del talento personal. Así, parece claro que Lores le ha dado una meritoria vuelta de tuerca a Pontevedra. Y también que Castrillo fue otro de los malos alcaldes que ha padecido la gran ciudad de Vigo. Ahora el BNG copilota la Xunta. En el reparto de carteras le tocó Medio Rural, que tuvo que bregar casi en solitario con el durísimo envite de la ola de fuego (por cierto: ¿dónde estaba Medio Ambiente?). En doce días ardieron 77.000 hectáreas, el 2,6% de Galicia, y se quemaron 15 millones de árboles. Un desastre sin paliativos, el peor desde 1989. ¿Por qué se achicharró Galicia? Tras escuchar a personas de todos los ámbitos, coinciden en que hubo varios tipos de autores y varias causas: -El monte (que está muy abandonado) amarilleaba por la canícula, había sequía y el viento lo complicó todo. -El Gobierno gallego era bisoño y se notó. La coordinación fue inadecuada y algunas brigadas se formaron muy tarde. -Tardó en exigirse ayuda estatal a gran escala. ¿Y quién quemó Galicia? -Entre los detenidos hay brigadistas (¿pagados por una mano negra?); ex brigadistas enojados; dementes; vecinos que aprovecharon para ventilar rencillas y personas que se descuidaron en sus tareas agrícolas. -En el capítulo de las hipótesis, se cree que pudo haber también móviles inmobiliarios y políticos. Pero son aún conjeturas. Sí se ha comprobado que la mayoría de los focos fueron intencionados y que a veces se emplearon métodos sofisticados. ¿Qué podía haber hecho el BNG? Reconocer que el problema desbordó a sus gobernantes, empezando por el conselleiro, que aunque venía precedido de buen cartel por su probada fama de gestor serio y trabajador, lo cierto es que nos deja una calamidad de 77.000 campos de fútbol abrasados; y eso es lo que cuenta. También podía haber incidido en que la atención del Estado fue lenta (curiosamente, tras el despliegue en serio del Ejército se acabó el fuego). Podía haber abierto una comisión de investigación, para ser consecuente con lo que con tanto ahínco y buena lógica exigía en el Prestige . Y podía relevar a los dirigentes que no lograron evitar que la Galicia atlántica esté pintada al carboncillo. ¿Y qué ha hecho? Quintana concluye que el fuego se debió a un «ataque masivo e terrorista» contra la política del BNG. Dado que no aporta prueba alguna que sustente tal tesis, y como lo que se sabe y lo que comenta la policía va en dirección contraria, parece una manera chirriante de eludir responsabilidades. Los gallegos piensan que llevar al Prestige de romería embadurnando toda la costa fue una carísima trapallada. Y con idéntico sentido común, creen que en algo habrán fallado los que mandaban cuando la autopista se cortó como nunca, cuando Vigo tuvo encima una nube negra una semana y cuando el fuego costó cuatro vidas.