HAN transcurrido casi 12 años desde aquel 27 de septiembre de 1994, fecha en la que la Audiencia Nacional hizo pública la polémica sentencia del caso Nécora en la que salieron absueltos casi la mitad del medio centenar de acusados. Más de uno se rasgó las vestiduras y aprovechó la ocasión para despellejar al instructor como responsable último del supuesto desaguisado. La cruda realidad de los hechos no tardó en demostrar que Garzón no iba tan descaminado cuando los mandó al banquillo, porque la práctica totalidad de los absueltos no tardaron en volver a las andadas, a su ocupación habitual. Uno de los ejemplos paradigmáticos de esta realidad se llama Álvaro Fernández Rodríguez, Alvarito Lalao, que ayer volvió a la cárcel después de una larga travesía en solitario desde el Caribe y de haber sido detenido con anteriordad al menos en tres ocasiones. Y no ya como peón cualificado que era cuando fue detenido en 1990, sino como jefecillo que movía alijos multimillonarios. Como presunta implicada en los mismos hechos delictivos por los que la Gaurdia Civil abordó el velero de su cliente, también cayó, ¡paradojas del destino!, su abogada, que ya lo era hace 15 años y que al final quedó en libertad con cargos porque el velero venía sin carga. Alvarito Lalao fue compañero de banquillo del escurridizo Franki, capturado en fechas recientes después de pasar 12 años como supercapo en la clandestinidad. ¿Alguien sigue dudando de la calidad de la cosecha del 90?