Un reto de todos

LUÍS VENTOSO

OPINIÓN

14 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

AGOSTO es el mes más lánguido. Los centros de poder se vacían, las oficinas destilan sopor, hasta el fútbol nos da tregua. Agosto encaja mal los imprevistos. Pero Galicia ha sabido dejar de sestear para pelear contra el fuego. En vela, tragando humo, vecinos y bomberos se afanan frente a una barbaridad que los desborda. Los políticos gallegos de los tres partidos pueden haber acertado o derrapado, pero han cumplido con el deber elemental de estar a pie de obra. El Estado también ha reaccionado. Aunque si hubiese tenido más reflejos, quizá no estaríamos especulando con más de 50.000 hectáreas calcinadas: ¿Habría ardido Galicia igual si se hubiese enviado al Ejército a patrullar de manera intensiva el 6 de agosto? No parece. Tampoco han fallado los encargados de contar lo que pasaba y hasta Nunca Máis (eso sí, en el día once de la crisis) ha reparado en que Galicia también sufre ahora una catástrofe y convoca una marcha. ¿Falta alguien? Muchos echan de menos a unos actores capitales en nuestra vida económica y con presencia constante en la platea pública: las cajas de ahorros, que conservan por ley su carácter de «obra benéfico-social». El artículo 35 de la norma gallega que regula a estas entidades dice que «la Xunta realizará una labor de orientación en materia de obra benéfico-social, indicando las principales necesidades y prioridades». Sin duda, estos días hay una necesidad y una prioridad. Con Galicia negra de Santiago a Oia, deben existir urgencias que requieren el apoyo decidido de las caixas. Y es de suponer que estarán ya en ello, porque la obra social no se agota en exposiciones y edificios, por gratificantes que sean. En paralelo, filántropos como Bill Gates, que acaba de donar 500 millones de dólares contra el sida, nos insinúan que las grandes fortunas también pueden echar una mano en su entorno. xto