Los días de verano

| XOSÉ CARLOS CANEIRO |

OPINIÓN

24 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

RECUERDO con frecuencia los días de verano. Los de antes. En los atardeceres rojos me perdía en las esquinas de mi cuarto a contemplar las fotos de la utopía: un cartel del Che Guevara, una canción de Bob Marley y, de fondo, el rumor suave del No nos moverán . Esos recuerdos vienen a mí, ahora, y me asaltan. O sea, que me rejuvenecen. Es lo que tiene el dogma de la derecha que, de tan repetido, sirve a los demás para quitarnos años de encima. Bienvenido sea pues el verbo de Rajoy en la cosa del pañuelo palestino, el pañuelo de Zapatero, presidente honorario de la república de la ilusión. Me alegra tener este presidente. Comparado con el trío de las Azores, ellos, se engrandece su figura de muchacho ingenuo y buenagente. Lo prefiero a él, y a su pañuelo, antes que el moralismo de Rajoy. No sé usted, pero yo no me lo esperaba. Imagino que sus encuestas le dicen que sí, que dale, Mariano, que no les dejes respirar, que tú eres el enviado y todos los demás son pececitos, ahogados. Me entristece mi paisano. Lo que yo daría para que practicase otra política: más educada, solamente. Política de futuro. Pero prefiere enfatizar en la cosa de la familia perfecta y en el terrorismo, con Asociación P(P)olítica de Víctimas incluida. Ellos, que negociaron, ahora no quieren negociar. Y en el asunto de la guerra miran para otro lado: para el pañuelo palestino de Zapatero, sencillamente. Digo la guerra del Líbano, porque la de Irak va de muerto en muerto solucionándose: ya lo decía Aznar antes de meternos en ella. Debe ser la luz del estío, o las muchas ganas de soñar, que me ha situado en este contexto: de nuevo, ilusionado. Porque Zapatero no tiene nada de diplomacia (ni de hipócrita), y eso no es malo. Excepto para Rajoy y sus huestes. Será que ellos no recuerdan, como yo, los días de verano...