RECORDABA Joaquín Leguina al justificar su retirada de la política y la renuncia a figurar en las listas del PSOE para la próxima legislatura que ya «hasta se quieren cargar las confederaciones hidrográficas, uno de los mejores inventos de los liberales del siglo pasado para regular el agua de las cuencas, que no es de nadie y es de todos». Y lo ponía como ejemplo de lo que se está haciendo ahora por culpa de los nacionalismos, a los que es imposible satisfacer porque por su propia naturaleza necesitan alimentarse de la permanente reivindicación para mantenerse vivos. El veterano socialista, nacido en Villaescusa (Cantabria) en 1941 y con cuarenta años de política a cuestas, no puso el ejemplo a humo de pajas. Se limitó a constatar la nueva petición que también apoyan ahora los partidos socialistas de varias autonomías para no perder clientes. Empezó el Partido Socialista Aragonés blindando el Ebro con una reserva de agua para uso exclusivo de los aragoneses. Le siguió el de Castilla-La Mancha con parecida pretensión sobre el Tajo y se sumó después el Partido Socialista de Andalucía con el Guadalquivir. Iglesias, Barreda y Chaves, con el valenciano Pla en medio, pleitean entre ellos y a ninguno le importa si esos ríos atraviesan más de una comunidad o sus afluentes proceden de otros territorios. Lo conveniente es poner fin a unos organismos nacidos el 5 de marzo de 1926 para administrar lo que es de todos porque ya debe dejar de ser de todos. Lo importante es apuntarse al carro de lo excluyente y disgregador porque acarrea votos. Hay que hacer país, como pregona Pujol, aunque sea el pequeño en detrimento del grande. Cabe suponer que el PSOE rechazará estas pretensiones de sus partidos federados en el trámite de Cortes Generales que pasarán los proyectos de nuevos estatutos autonómicos, porque en caso contrario el capazo de los nuevos problemas será un lastre de imposible arrastre. De momento, el presidente del Congreso, Manuel Marín, ya ha declarado que el debate sobre el agua «se comerá» al de la identidad nacional. La rapiña se hace con tanto descaro que afecta ya, incluso, a las relaciones internacionales que se realizan a través de las eurorregiones. Así, el Gobierno de Aragón ha suspendido su participación en la eurorregión Pirineos-Mediterráneo en respuesta a la resolución aprobada por el Parlamento catalán que bloquea la devolución de 113 piezas religiosas que reclama el obispado de Barbastro-Monzón al de Lérida, en cumplimiento de la sentencia de los tribunales vaticanos. Naturalmente, al Gobierno de Aragón lo apoyan el Partido Socialista de Aragón e Izquierda Unida. Y, naturalmente, en el Parlamento catalán votaron a favor de la decisión el Partido Socialista de Cataluña e Izquierda Unida. Coherencia y defensa de los intereses generales se llama esto.