NUESTRO esfuerzo o gasto interno en actividades de investigación y desarrollo tecnológico (I+D), ya de nuevos procesos, ya de nuevos productos, continúa siendo insuficiente. En un reciente informe sobre tecnología e innovación en España, mientras el conjunto del país no alcanzaba el 60% del esfuerzo medio de los 25 de la UE, Galicia no llegaba al 50% (último dato del 2004). Es lógico que el Gobierno central y la Xunta de Galicia se planteen redoblar los esfuerzos en esta dirección. Porque nadie discute que este esfuerzo es semilla que germinará sin duda en resultados futuros de progreso y competitividad económica. No obstante, esa brecha, para Galicia sobre todo, tiene dos caras muy distintas. Mientras superamos el insuficiente esfuerzo medio español a cargo del sector público, Universidades y Administración, con un 0,54% del PIB en Galicia y un 0,51% en España, en el esfuerzo empresarial apenas llegamos a la mitad. Un 0,32% nosotros y un 0,61% del PIB de España. No es extraño, por lo tanto, que cada vez más el esfuerzo se canalice por la Consellería o el Ministerio de Industria que por Educación o Universidades, aunque aún así sigue siendo público. Sin duda que el mayor esfuerzo público a través de Industria e Innovación es imprescindible entre nosotros, pero siempre que se ponga al servicio de un claro y selectivo liderazgo empresarial como alimentos, componentes de automoción, confección, naval o audiovisual. Que tire de su propio gasto. Creo que, por ejemplo, es preferible subvencionar al 50% el coste de dos doctores contratados por una empresa para un proyecto, que contratar uno al 100% en un centro público. El sector público tiene que ofertar un buen capital humano, estimular su entrada en el mercado privado, pero ha de ser la empresa la que se comprometa progresivamente en su rentabilización productiva. Programas CDTI, Ingenio o Cénit van en esa dirección. Porque otra de las reorientaciones tiene que ver justo con eso: con los resultados (patentes, exportaciones, etcétera), ya que cuando se mide no solo el esfuerzo sino también los resultados con índices sintéticos ya disponibles, nuestra posición relativa empeora aún mucho más. Más recursos públicos, sin duda. Pero reorientados para implicar e incorporar a la empresa en la contratación de investigadores y en la introducción de tecnologías del exterior. También se trata de eso, de transferir e introducir esa investigación y desarrollos: adquirir I+D externa, comprar cierta maquinaria y equipo, comprar patentes y licencias, formación en el exterior. Todas ellas son vías que, si se utilizan con criterio, si se sabe muy bien dónde y qué comprar, permitirán, sin duda, mejoras en nuestra producción y comercialización. Lo público como cerebro colectivo y global, como lugar de encuentro. Iniciativas como la Cidade Tecnolóxica de la Universidad de Vigo o la Ciudad del Mar, el Parque Tecnológico de Galicia de las tres Universidades Gallegas, si caminan por esta senda, serán sin duda buena semilla de progreso social.