TENGO la percepción de que ciertos santones gallegos andan difundiendo la infundada y corrosiva idea de que en Galicia hay una sola forma de ser buen ciudadano, insertándonos de lleno en la supuesta cultura supuestamente propia o, lo que es igual, hablando y pensando en gallego. Si uno ha nacido en un pueblo pequeño o en una aldea es un «neno galego», y puede sentirse orgulloso de ello. Si uno o una ha nacido en una ciudad o en un pueblo grande donde la lengua predominante era el castellano, es un ser poco menos que despreciable desde un punto de vista ético, a no ser que reniegue de sus orígenes y se convierta en hablante de la lengua «verdaderamente» propia. El himno de Galicia lo dice expresamente: los buenos y generosos entienden nuestra voz, («os bos e xenerosos a nosa voz entenden»); los estúpidos y malvados no la entienden. Así de simple, así de torpe. Tal vez sea llegado el momento de que despertemos de nuestro sueño y nos sintamos orgullosos de ser gallegos en la medida en que trabajamos por el bienestar de nuestros conciudadanos, sin olvidar los intereses de todos los individuos del mundo, hablen la lengua que hablen, sea su lengua tradicional o una lengua de nueva adscripción. El conservadurismo nacionalista apuesta por reivindicar como moralmente superior lo antiguo, lo anterior en el tiempo. Pero las lenguas cambian. Y los hablantes somos libres para hacer nuestra aportación a las lenguas vigentes con nuevas expresiones. Las lenguas «propias» son aquéllas a las que nos adherimos voluntariamente, aquéllas en las que nos expresamos con más facilidad, aquéllas que elegimos porque nos unen con más seres humanos, o porque simplemente nos gustan más. Que se aleguen razones culturales para conservar determinadas costumbres y tradiciones me parece aceptable, siempre que ello no signifique un freno a la innovación y a la renovación, a la mezcla con otros elementos de otras culturas. Pero el recurso a la descalificación moral me parece deleznable. ¿Cómo y quién puede demostrar que se es mejor gallego por hablar en gallego? ¡Como si los caciques de antes y de siempre no hablaran en gallego! ¡Como si nuestros enemigos fueran los de más allá de Piedrafita. Los otros, los castellanos particularmente! Nos adormilan al son de las dulces gaitas y los bosques frondosos no nos permiten abrazarnos a otros mundos. Ser buen gallego es ser ciudadano del mundo y tener las ventanas abiertas para la comunicación con todos los demás. Ello no impide que trabajemos y nos esforcemos por enriquecer la cultura, en castellano y en gallego, que hemos recibido como un legado histórico los ciudadanos nacidos en Galicia.