ESTATUTO para Galicia. Para un país de ciudadanos. En un marco convivencial. Sin complejos que miran a otras comunidades. Pensando en gallego. Respuesta a las demandas reales de la sociedad gallega. Suscribo: necesidad de consenso. No debe servir a estrategias de confrontación política previstas desde Madrid. «Los Diputados fueron elegidos para defender los derechos e intereses de los gallegos» (Beiras). Por lo de pronto, los dirigentes políticos con poder parlamentario optan por la estética. El Bloque, garante de Galicia. Los socialistas asumen el papel de mediadores en la reforma. Los populares pretenden liderar la reforma desde el galleguismo constitucional. La ética debe centrarse en la verdad. Saber y atender lo que los gallegos esperan de la reforma. Evitar que el Estatuto sea un instrumento para la utopía de unos y la estrategia de acoso y derribo de otros. Que sirva para consolidar un modelo definitivo de ciudadanía gallega, al menos con tres pilares: ser gallego sin complejos; ejercer de gallego en Galicia terminando con la sangría de la emigración; y disponer de los instrumentos necesarios de autogobierno para mejorar la vida de las gentes. Es posible que tras los primeros conatos sobre fuero nos hagamos más pragmáticos buscando la manera de poder hacer. Esa es la diferencia entre nosotros, los vascos y los catalanes. Ellos discuten con el Estado lo que son para poder quedarse con lo que producen gracias a su desarrollo. Nosotros tenemos la carga histórica de las carencias, lo que nos puede situar en el sabio dicho de «don, sin din, campana sin badajo». Necesario y estético el acuerdo entre los partidos del Gobierno en siete espacios. Y desde luego, tranquilizador; esperanzador en cuanto a la coincidencia con la oposición a la hora de garantizar el 8% de la inversión territorializada durante diez años. Al menos, y por fin, dejaremos de estar al albur de la disposición del Gobierno del Estado para atender nuestras necesidades, que tradicionalmente debían esperar a los restos que dejaban las comunidades con peso en Madrid. Algunos no han vivido la realidad y aseguran que si el Estatuto no considera a Galicia como nación, se perderá el estatus de igualdad que mantuvo con Cataluña y el País Vasco en los últimos 25 años. De poco nos sirvió, a la hora del reparto, que PNV y CiU nos dieran carta de naturaleza de comunidad histórica.