29 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

SIEMPRE creí que la barba de Fidel Castro era un homenaje a Marx o a algún prócer cubano o americano. Al parecer me equivoqué, quizá por olvidar que Fidel es, en esto, «humano, demasiado humano», como diría Nietzsche. Y su barba se debe a que carece de mentón y su cara es muy redonda. Lo leí en un artículo del cubano Marcelo Fernández-Zayas, un intelectual anticastrista fallecido el año pasado. Y leí más cosas. Por ejemplo, que no se retrata jamás en un grupo en el que haya alguien más alto que él. O que, a pesar de su elevada estatura, usa botas que le añaden dos pulgadas. O que no ha permitido que se publicase en Cuba una foto suya son el torso desnudo... y lampiño. Lo dicho: ese hombre, tan poco humanitario al mantener en prisión en su país a más periodistas que ningún otro Estado, es muy humano en sus debilidades. Fernández-Zayas se preguntaba también por qué los movimientos feministas no han protestado nunca porque en Cuba no exista ni se sepa quién es la esposa de Fidel, la primera dama. Y señalaba que Dalia Soto del Valle, nativa de Trinidad, es la madre de cinco de sus hijos. No sé qué decirles, quizá ésta es otra prueba de su humanidad. Castro es muy singular, cierto, pero también demasiado poco humanitario.