ARTHUR MILLER Y MARILYN MONROE SE CASAN
28 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Marilyn Monroe y Arthur Miller se conocieron en 1951 en el plató de As young as you feel, del director Elia Kazan, con el que por entonces la actriz mantenía una relación sentimental. Paradojas: fue él quien los presentó. Marilyn (ese «estallido sexual de color platino», en palabras de Truman Capote) tenía 25 años y Arthur diez más. Se estrecharon la mano. «La conmoción que provocaba el movimiento de su cuerpo recorrió todo mi ser, una sensación en contradicción con su tristeza en medio de tanta fascinación y tanta tecnología», evocó después el dramaturgo. Electricidad, sí, pero también se dejó enternecer por esa sensación de desamparo que la envolvía permanentemente. «Fue algo parecido al dolor, y supe que debía huir o enfrentarme con un destino funesto (...) Tenía que huir de su infantil voracidad (...) Había ocupado un lugar en mi imaginación». Aunque Miller se obligó a la distancia, ya estaba rendido a sus pies. El efecto causado sobre ella fue más sutil. La firmeza con que se plantó el guionista ante el acoso de la caza de brujas provocó una honda impresión en Marilyn, que lo identificó como un hombre íntegro, del que admiraba su gran calado ético, más allá de la faz intelectual un tanto hierática. La timidez del escritor fue un factor de seducción añadido. Ella lo tenía muy presente en sus pensamientos ?algo que pesó en la ruptura del idilio con Kazan, quien confesó que hasta se lo mencionaba en la cama? y aprovechaba para elogiarlo en cuanto tenía la más mínima ocasión. Sin embargo, meses más tarde Joe DiMaggio se cruzó en su camino de la forma más absurda. El mítico bateador de los Yankees quiso conocer a la actriz tras ver un retrato en que posaba con un coqueto traje de béisbol dispuesta a batear. Ella cayó enamorada en los brazos del hombre sencillo, protector, honrado, dominante, celoso..., confeccionado a la antigua, pero incapaz de comprender sus crisis emocionales. Así, el azar y Marilyn, que arregló un encuentro fortuito con su anhelado Arthur. La relación eclosionó por fin, a pesar de que el dramaturgo aún estaba casado, lo que añadía fuego a sus citas. Ella simultaneó, con apuros de agenda, encuentros sexuales con DiMaggio y con Miller. «Era sencillamente arrebatadora (...) y no había una pizca de convencionalismo en todo su cuerpo», glosó el escritor. Se casaron poco después, el 29 de junio de 1956. Y para sorpresa de muchos el hito del teatro estadounidense, la conciencia política e intelectual de una sociedad acobardada por la amenaza comunista, pasó a ser «el marido de Marilyn». Sus caracteres totalmente opuestos y sus absorbentes dedicaciones profesionales ?también en las antípodas? fueron limando la relación año tras año. El matrimonio vivía en oscilante depresión. Escenas públicas y respuestas destempladas son sólo la punta del iceberg, que aflora de lleno durante el rodaje de la crepuscular Vidas rebeldes, en la que ella interpreta a la protagonista del filme y él escribe el guión con Huston. Dicen, y el biógrafo Donald Spoto también lo sostiene, que la voz sedosa de Yves Montand despertó a la Monroe de su pesadilla privada marital. El divorcio llegó en 1961.