25 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LO ha dicho Rony Brauman, cofundador de Médicos sin Fronteras: «La oenegés deben repensar su tarea y no ceder a la histeria mediática». Para explicarse, ha puesto como ejemplo el tsunami de diciembre del 2004 con sus 260.000 muertos. La histeria mediática urgía de forma compulsiva a la acción humanitaria, y muchas oenegés se dirigieron hacia allí. ¿Con qué sentido? «A las pocas horas -ha dicho Brauman-, ya sabíamos que no podíamos hacer nada. Los muertos estaban muertos y los vivos recibían ayuda de manera eficaz en sus países». Pero entonces «se montó un circo, se inventaron epidemias que no existían», y se organizaron campañas de recogida de fondos y de mantas que no eran necesarias, porque «el 100% de los que sufrieron la catástrofe durmieron bajo techo y comieron caliente aquel mismo día». Las arcas de las oenegés se llenaban, pero su tarea no era necesaria ni tenía sentido. Brauman, que es un convencido de que las oenegés son el modo más directo de hacer justicia sin partidos ni ideologías (como ahora en Darfur, por ejemplo), también cree que deben desconectarse del share televisivo y de la santificación mediática, que las desorienta y las desencamina del humanitarismo que las justifica. Y creo que tiene razón.