CÉSAR CASAL
20 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.ES pequeñita, culona. Va de chica normal, cara lavada. Le sonríe a la cámara. Hay dos pantallas gigantes. Hay banderas de Colombia, de Argentina. Es Shakira, árabe, latina, del mundo. Escribe, canta, baila, compone, toca. Salta descalza al Coliseo coruñés. Algo corto el show. «Ciega, sordomuda, por ti me he convertido en una cosa que no hace nada más que amarte», corean los diez mil. Me gusta Shakira. Ya sé que los intelectuales, los que no van con España en el Mundial, me acusarán de vulgar, de estar globalizado, «shakirizado». Me da igual. Soy feliz, con otros diez mil. La prefiero a ella que habla de buen rollo, de buena onda y de que haya paz. Prefiero que utilice su sonda global para transmitir buenos sentimientos, por muy obvios que sean. La prefiero a Bush bombardeando Irak. Agita corazones y no armas. Es una gozada ver cómo culebrea. «Pero eso también se puede mover», dice una chica. No creo que se pague precio intelectual por pasar un buen rato. Emociona ver a madres y niñas al salto y no tantas tropas de asalto en los telediarios. Y mañana, en A Coruña, el clavel de Gardel lo servirá Calamaro en tinta roja. La música es instinto, siempre un punto por encima de la literatura. cesar.casal@lavoz.es