El referéndum catalán

ANXO GUERREIRO

OPINIÓN

20 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

ES FÁCILMENTE detectable un creciente escepticismo ciudadano ante los mensajes que emiten los diferentes partidos políticos. Fenómeno nada extraño si se considera que éstos han decidido que sus análisis y discursos no han de estar sometidos a una prueba empírica seria. O quizá consideren que no necesiten siquiera ser seriamente convincentes. Lo importante es que haya una doctrina alegable a mano; es esa disponibilidad y no los contenidos lo que importa. Las contradictorias valoraciones que las diferentes fuerzas políticas han realizado sobre el referéndum catalán confirman plenamente esta opinión. Cada partido se ha limitado exclusivamente a resaltar aquellos aspectos que podían justificar su postura política, evitando deliberadamente una valoración global del resultado. Sin embargo, del referéndum celebrado el pasado domingo se pueden extraer algunas conclusiones incontestables. La primera de ellas es que el entusiasmo popular por el nuevo Estatuto era perfectamente descriptible, contrariamente a lo que venían afirmando los partidarios de la reforma. La segunda es que un amplio sector de la ciudadanía catalana que se expresa activamente en las elecciones generales se margina voluntaria y sistemáticamente de la política catalana. En esta ocasión ese sector se ha visto engrosado por miles de ciudadanos que no han comprendido el rocambolesco proceso que siguió la reforma estatutaria. La tercera, que el triunfo del es aplastante e inapelable, lo que evitará que la situación política se polarice de nuevo entre los partidarios de nuevas reformas (ERC) y el inmovilismo del PP, algo que, sin duda, se hubiese producido si el triunfo del hubiese sido menos categórico. Es cierto que el PP seguirá, impasible el ademán, con su particular bronca contra el Gobierno, pero éste, debido al descalabro de los independentistas, ya no se encontrará atrapado en una tenaza de la que le sería muy difícil salir indemne. Finalmente, la abstención, aun afectando a todo el arco político, ha sido particularmente dura con los partidarios del no . En efecto, los defensores del texto (PSC, CiU, IC) han conseguido el 74% de los votos emitidos frente al 69% que habían obtenido en las elecciones autonómicas, mientras los opositores (PP, ERC) han alcanzado apenas un 21%, muy distante del 29% que habían cosechado en las últimas elecciones. Así pues, si el «amplísimo respaldo» del que habla Zapatero es una evidente exageración impropia de un presidente de Gobierno, el intento de Rajoy de apropiarse de la abstención y considerar el resultado como un respaldo a sus tesis es simplemente grotesco. Cuando la realidad se expulsa por la puerta, decía el viejo Engels en el Anti-Dühring , entra de nuevo por la ventana. En las elecciones del próximo otoño comprobaremos cómo la realidad se impone al prejuicio. Y, aún antes, cómo los diferentes partidos son sacudidos internamente por los resultados del pasado domingo que, paradójicamente, todos consideran un respaldo para sus respectivas posiciones políticas. Atentos.