SORPRENDENTE. Al Gobierno vasco sólo se le ocurrió ese adjetivo para calificar la última redada de etarras. Y no le falta razón: sorprendió que se hicieran esas detenciones cuando don Mariano Rajoy acababa de decir que Rodríguez Zapatero cumple los plazos y condiciones de ETA. Entre éstas, obviamente, no parece que figurase un golpe policial al aparato financiero de la banda. Así que los primeros sorprendidos tienen que haber sido los dirigentes del Partido Popular, comenzando por don Ángel Acebes, que dijo aquello de que «el plan Zapatero es el plan de ETA». Si alguien hubiera planificado un desmentido, no lo habría hecho mejor. ¿O el Gobierno fue el último en enterarse de la operación? ¿Actuó Grande-Marlaska como un dinamitero del proceso? Esas son unas buenas preguntas; tan elementales, que el ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, se encargó de «vender» la noticia y dejar claro que el gabinete conocía previamente las detenciones y, desde luego, mandó a la policía a cumplir el mandato judicial. Ahora, el desafío de los análisis es casar esa revelación del ministro con la denuncia del muy locuaz Arnaldo Otegi: «Esto es un ataque frontal a los esperanzas de paz». Quienes lo tienen más fácil son los portavoces oficiales: sólo deben meter la mano en el saco de los tópicos y sacar aquellas frases tan socorridas de que el Estado de derecho no está en tregua, la Justicia cumple su papel, y nadie hace dejación de su obligación de cumplir y hacer cumplir la ley. Y eso han hecho con la cara más sonriente, esperando el aplauso popular. El discurso está tirado. Con ello, el escenario de la negociación se presenta muy sugestivo. Para empezar, Zapatero está ante la opinión sin ningún tipo de paraguas. Por no tener, ya no tiene el Estatuto de Cataluña entreteniendo al personal. Para continuar, vemos cómo se exigen responsabilidades a los viejos criminales, con un juicio al asesino de Miguel Ángel Blanco que ha servido para recordar aquella inmensa crueldad y hacer pensar a mucha gente que con tipos así no se negocia. Y para concluir, los que tienen deudas con la Justicia son detenidos, sin tener en cuenta el momento político. Yo le diría a Otegi que no se exalte, y al Gobierno vasco, que no se sorprenda. Rodríguez Zapatero necesita una coartada para empezar a hablar. Y esas detenciones se la dan. Se detiene a los auténticos banqueros de la banda, a los recaudadores, a los administradores, a los gerentes de la «empresa», que expiden recibos y apalabran plazos, en un momento muy oportuno: cuando se está denunciando que se sigue cobrando el impuesto revolucionario. Esto podrá ser un obstáculo en el proceso. Pero a Zapatero le devuelve un poco de fuerza moral.