AYER, una información del diario El Mundo aseguraba que la eurodiputada socialista Rosa Díez podría ser expulsada de su partido. Rosa Díez no es un cargo público más. Es toda una sensibilidad dentro del partido gobernante. Es una luchadora contra el terrorismo. Ha sido durante años la voz valiente que se enfrentó en solitario a la dictadura del terror y actuó como agente movilizador de conciencias dormidas en el País Vasco. Es, por todo ello, una mujer muy querida, idolatrada, no sólo por sus compañeros de militancia, sino por las asociaciones de víctimas y por todas las agrupaciones que trabajaron por la paz y la convivencia en ese territorio. Tiene algo de mártir y algo de apóstol que la hace venerable. Por eso, la supuesta noticia de las iniciativas para expulsarla ha sido un latigazo. Y por eso es digno de elogio que la Comisión Ejecutiva del PSOE haya salido rápidamente al paso de esa información y la haya negado: Rosa Díez no será expulsada por la libre expresión de sus ideas. Es un alivio. Es probable que, con el reglamento disciplinario en la mano, la señora eurodiputada haya hecho méritos para alguna sanción. Su discurso público es abiertamente contrario a la línea que siguen el Gobierno y su partido. Representa una oposición razonada, llena de sentimiento y seguidores, a la negociación que se abrirá en unos días. Sus escritos y palabras suelen tener gran eco informativo, quizá precisamente para provocar el drama de la escisión en la militancia socialista. Pero no la echarán. Al menos, el Comité Federal no adoptará esa decisión, en contra de lo publicado. Ni tiene previsto, ni puede hacerlo, porque es algo que no es de su competencia. Ahora bien: eso no impide que haya voces internas, y de gran influencia, que se inclinen por una medida disciplinaria y ejemplarizante. A nadie agrada que un cargo público del partido pueda destrozar con su testimonio contra el proyecto más ambicioso de su secretario general. Pero el buen tino de José Blanco podrá impedir que triunfe la línea de dureza. Por el momento, la ha logrado contener. A la hora del comentario, este cronista sólo puede decir: continúe en esa línea, señor Blanco. Rosa Díez se ha salido de la unidad de pensamiento del Partido Socialista. Pero no es por rebeldía. Es porque piensa hoy lo mismo que ha pensado siempre. Es que resulta muy difícil ver que se negociará con sus enemigos de siempre. Es que su impulso ético la conduce más que cualquier estrategia política. Y es que su actitud responde a una convicción profunda. Apartarla sería apartar del pensamiento socialista a todos los españoles que piensan como ella. Y sería un golpe a lo que el partido pregona: que es un partido con libertad.