Kilovatios y autonomía


CUANDO se aprobó el Estatuto de Autonomía de Galicia, el argumento de peso para convencer al votante indeciso fue el de proximidad: un Gobierno lejano ignora los matices de nuestros problemas; por tanto, propone soluciones inadecuadas. Las ventanillas se acercaron; en ellas se habló gallego; las autoridades festejaron con aguardiente y no con whisky. Pero en algunos asuntos esenciales, con efectos económicos, la proximidad no operó. Entre otros, y al contrario que en Cataluña, en la industria energética.El fallecido Victoriano Reinoso declaró, cuando aún era consejero delegado de Unión Fenosa, que prefería dar servicio a toda la provincia de Guadalajara que a cuatro pueblos de Galicia, tal era la cantidad de dificultades que acarreaba nuestra peculiar dispersión. «Es que los gallegos viven donde les da la gana», añadía. Que Galicia enviara al resto de España casi la mitad de su producción eléctrica carecía, al parecer, de importancia. Aquella visión centrípeta ha acabado por imponerse. Ayer, el conselleiro de Innovación, Fernando Blanco, dio algo más de contenido a nuestro Estado de las Autonomías al afirmar, hablando del sector eléctrico, que «no somos un sitio para venir a explotar nuestros recursos y que se marchen con todo». Parte de los beneficios del sector «deben quedar necesariamente en Galicia». La Xunta pretende extender el principio de proximidad a las empresas. Esa mayoría social que rechaza la España asimétrica debería ponerse del lado del Gobierno gallego para enfrentar la asimetría que supone el que una comunidad soporte todos los costes ambientales de ser un gran generador energético sin recibir nada a cambio.

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