LE dicen el sabio de Hortaleza. Es como un Arsenio castizo. Tan zorro como el de Arteixo, le gusta el orden y talento. Nació leo (1938). Hombre de pocas palabras, se enciende como la yesca. Ganó ligas y copas como jugador y como entrenador. Empezó en el Getafe. Le pasó como a Eto'o, su hijo negro. Fue blanco, pero nunca debutó merengue. Le cedieron a mil equipos y terminó por cuajar en el Betis. Dejó los barrotes verdiblancos por los rojiblancos. De esa celda del Calderón ya no saldría como jugador. Fue la cara de la cruz del Pupas. Ganó tres Ligas y una Copa. Fue pichichi, junto a Amancio y Gárate. Jugó una final de la Copa de Europa, con gol al Bayern de falta increíble. Cayó fulminado en el desempate. Al año siguiente, 74, entrenador. Como técnico, alzó la Intercontinental y tiene Liga, Copa y Supercopa. Subió a su Atleti del infierno de Segunda. Es hombre difícil al que se llega por un laberinto. Ahora es seleccionador y jura que España, por equipo, es la cuarta del mundo. Aquí queremos pasar de cuartos y soñar con semifinales. Luce el pelo nevado y baila los dientes. A ver si salta la banca de Brasil. Tras ese milagro, sólo le quedaría resucitar. Como cantante, a por él. cesar.casal@lavoz.es