No vuelvan a matar

OPINIÓN

ETA puede seguir siendo la causa del miedo y el exilio físico e intelectual de muchos ciudadanos. La declaración de alto el fuego es la esperanza en la sociedad vasca superviviente del largo conflicto. Hoy, la inmensa mayoría de la gente, sin intereses políticos o económicos relacionados con la presencia del terrorismo, pide que se inicie el proceso para la desaparición definitiva de la violencia terrorista etarra. ¿Tenemos todos el mismo objetivo? No. Hay quien ha construido su discurso en la persistencia del terrorismo. Hay quien apostó por la desaparición de ETA a través de la actuación de los cuerpos de seguridad del Estado, la cooperación internacional y los jueces, es decir, la rendición incondicional del MLNV (Movimiento de liberación nacional vasco). Hay quien traslada a la ciudadanía que cualquier proceso de diálogo con ETA o su mundo es alta traición al Estado y a su ciudadanía. Me he pasado una década de mi vida amenazado, con escoltas, sabiendo que cada palabra mía, en el Parlamento vasco o en la tribuna de cualquier medio público, era una carga más para que ETA me señalara como objetivo de sus comandos. He tenido mucha suerte. Soy testigo de muchas reuniones y foros, entre ellos la Mesa de Ajuria Enea, y siempre tuvimos como norte que ETA dejara de matar, que sus ideas y aspiraciones se transformaran en método político para que sus seguidores -pocos para ganar elecciones, pero muchos para meterlos en la cárcel- tuvieran representación institucional que mostrara como, en democracia, se puede defender cualquier aspiración sin tener que eliminar al disidente. Estamos a la entrada de la gran oportunidad. Confluyen muchas circunstancias. El cerco internacional al terrorismo. El cambio de dirigentes en el MLNV, con la declaración de Anoeta, en la que se dijo había que dejar la lucha armada y apostar por la política. El comunicado de alto el fuego. Nunca se habían dado tales hechos. Están dispuestos a sentarse en una mesa y negociar el fin del conflicto. ¿Y los demócratas? El Parlamento de la nación ha optado mayoritariamente por el proceso de diálogo, una vez que ETA declaró el alto el fuego. Hay presiones para que no sea así. ¿Por qué y para qué? Si ETA dio ultimátum al Estado, el presidente del Gobierno tenía que mover ficha. Lo hizo a través del PSE, que sólo hizo público lo que era privado, hablar con Batasuna, y así evitar la ortodoxia de algún juez cuya intransigencia pone en peligro el proceso.