¿Circo mediático?

ARANTZA ARÓSTEGUI

OPINIÓN

EL JUEVES nos desayunamos con la noticia de la muerte de Rocío Jurado, noticia que no sorprendió a nadie, por cuanto la última semana los medios informativos siguieron minuto a minuto la lenta agonía que la condujo al fatal desenlace.

03 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La cantante padecía cáncer de páncreas desde hacía dos años, dolencia que ella misma hizo pública en una rueda de prensa. Desde ese momento, los medios se ocuparon de los avatares de la salud de la artista, que tras ser operada en Madrid recibió tratamiento médico en Houston. El 24 de marzo regresó de Estados Unidos y desde el 29 de abril, en que salió de un hospital madrileño, Rocío Jurado quedó recluida en su residencia de La Moraleja. Guardia permanente Este último mes, y en especial la última semana, los medios montaron guardia permanente ante las verjas de la avenida del Conde de los Gaitanes. A falta de noticias y mucho espacio que rellenar, los periodistas sometieron a un auténtico acoso a cuantos entraban o salían de la casa. Incluso el médico de la cantante, Alejandro Domingo, tuvo que recurrir a la ayuda de la policía local para abrirse paso con su coche entre la marabunta. Tras conocerse la noticia de la muerte, emisoras de radio y televisión modificaron su programación, e incluso algunas cadenas retransmitieron en directo durante horas todo cuanto acontecía en la capilla ardiente y en el entierro. La propia cantante rechazaba ser objeto de tanta curiosidad y lo había lamentado: «Sería horrible que toda la vida de uno estuviera expuesta a todas horas». En fecha reciente llegó a decir que pagaría tanto como hubiera ganado por dejar de ser famosa. Debate digital Con gran acierto, la edición digital de La Voz propuso el jueves un debate para que los lectores opinasen. «Cientos de periodistas se agolparon durante dos semanas delante de la casa de la cantante Rocío Jurado situada en el madrileño barrio de La Moraleja, para seguir de cerca el trágico final de la chipionera. Muchos piensan que la cobertura es desproporcionada. Los medios se justifican diciendo que la salud de la cantante era una tema que interesa a muchas personas. ¿A usted qué le parece el tratamiento que se hizo?», era la pregunta lanzada por la edición digital para suscitar el debate y la participación de los lectores. Los correos empezaron a llegar de inmediato y los comentarios fueron en su mayoría críticos con la cobertura desplegada por los medios. De las opiniones expresadas por los lectores, he entresacado algunas. «Todo esto es parte del circo mediático en el que mucha gente vive de esto y los medios le sacan el máximo provecho». «Lo que se ha visto ha sido un gran circo de paparazzi rodeando la casa de esta gran artista». «Los periodistas (es un decir) llevan jornadas enteras como buitres sobrevolando la carroña. Su enfermedad, agonía y muerte han sido aireados sin ningún pudor». «No todo vale o no todo debería valer. Esto no es periodismo». Morbo y luto Cuando titulé este comentario dudé si ponerlo o no entre interrogantes. Si me dejase llevar por mi opinión, debería haber prescindido de ellos para expresar sin ningún género de dudas que los medios en general (aunque no algunos en particular, entre ellos La Voz) hemos hecho de la enfermedad, agonía y muerte de Rocío Jurado un auténtico espectáculo circense. Pero finalmente me decidí por los interrogantes en atención a la pluralidad de opiniones de los lectores y para que cada uno se responda según sus criterios y convicciones. Luis Ventoso, director adjunto del periódico, escribía el martes en la contraportada que, aun reconociendo que se trata de la número uno de la canción popular, «nada justifica la acampada mediática ante su casa de La Moraleja». Estos días he sido testigo de varias tertulias sobre el acoso a Rocío Jurado y su derecho a la intimidad. Curiosamente, las mismas personas que critican y lamentan el espectáculo mediático son las principales consumidoras de los espacios televisivos en los que los periodistas semejan aves carroñeras. Como bien decía Luis Ventoso en la columna mencionada: «¿Hacía falta el circo? Claro que no. Pero si las cadenas lo arman es porque saben que ahí estamos nosotros: una audiencia implacable, hambrienta de morbo y luto».