Revolución pendiente

| ALFREDO VARA |

OPINIÓN

LA EVOLUCIÓN no es suficiente. Hace falta una verdadera revolución en el campo gallego. Era practicamente imposible hace 30 años cuando cerca de la mitad de la población activa dependía de un sector primario anclado en el minifundio y en el autoconsumo. Pero la situación ha evolucionado desde entonces. Por razones puramente biológicas en gran parte, hoy ya son menos de ocho de cada cien los gallegos que trabajan en el campo. Ese drástico descenso no se ha visto acompañado, sin embargo, de un cambio similar en la estructura de la propiedad ni en la orientación de la producción al mercado. La evolución no basta. Hace falta una revolución que logre cambiar ideas profundamente arraigadas y propicie que la capacidad de iniciativa, que existe, no se vea asfixiada por factores como la práctica inexistencia de un mercado de tierras o la dificultad para lograr el tamaño necesario para hacerse un hueco en el mercado. Tenemos materias primas, iniciativas de éxito que marcan la senda a seguir y expertos que señalan el rumbo. Y, lo fundamental, hay también emprendedores con ideas, que sólo necesitan pista para despegar. Limpiarla de malezas acumuladas es la revolución pendiente.