Rafael Leónidas Trujillo, «sucesor de Dios» en la tarea de velar por la República Dominicana entre 1930 y 1961, murió acribillado a balazos tal día como hoy de hace 45 años. El lugar de los hechos, antigua carretera de San Cristóbal, se llama ahora autopista 30 de Mayo.
29 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Pocas biografías habrá tan aptas para la literatura como la del exuberante tirano dominicano. Sus últimas horas las relata Vargas Llosa en La fiesta del Chivo (2004); Chivo era el nombre clave del dictador entre los conspiradores que acabaron con su vida. Pero su mote más popular era el de Chapita, en referencia a las innumerables condecoraciones que poseía, entre ellas el Gran Cordón de la Orden de Isabel la Católica y la Gran Cruz de la Orden de Carlos III, que le fueron impuestas por Franco y eran sus favoritas. Acumulaba también títulos honoríficos: Padre de la Patria Nueva, Genio de la Paz, Protector de todos los Obreros, Primer Médico y Primer Maestro de la República, Primer Anticomunista de América, Restaurador de la Independencia Financiera, Generalísimo Invicto, etcétera. Otros títulos que acaparó fueron títulos de propiedad; a su muerte estaba a su nombre en torno al 70% de la tierra cultivable del país; monopolizaba las industrias farmacéutica, cementera, aceitera, cervecera y tabaquera y mantenía posiciones dominantes en la banca y los seguros. ¿Cómo pudo llegar a tanto? Con ambición, terror y buenos apoyos. En 1916, ante el caos reinante en la República, Estados Unidos la invadió. En 1918, Trujillo se alista en la Guardia Nacional creada por los norteamericanos; allí medra rápidamente. En 1924, Estados Unidos abandona la isla y es elegido presidente Horacio Vásquez, quien nombra a Trujillo jefe de la Policía Nacional y, a continuación, jefe del Estado Mayor. En noviembre de 1928 ya es comandante en jefe del Ejército. Desde esa posición asalta el poder en 1930. Estados Unidos lo formó militarmente y luego lo sostuvo en el trono. En septiembre de 1930 el huracán San Zenón arrasó la capital; Trujillo actúa con eficacia y una emergente corte de cobistas eleva su obra hasta la categoría de providencial. Se le otorga el título de El Benefactor; en 1936, la adulación llega al punto de cambiar el nombre de la capital, Santo Domingo, por el de Ciudad Trujillo. Los años 50 fueron los del apogeo de la familia Trujillo, numerosa hasta el récord. Pero a finales de la década llega a la isla el contagio de la revolución cubana. La represión es salvaje. En junio de 1960, sicarios financiados por él intentan asesinar al presidente de Venezuela, Rómulo Betancourt. En noviembre, su policía política asesina a las tres hermanas Mirabal, esposas de otros tantos represaliados. Y entonces pierde su principal apoyo, el de Estados Unidos. Dicen los historiadores que Kennedy estaba entonces tan preocupado por Fidel Castro que no quería ver a otro Batista cometiendo barbaridades y abonando la semilla del comunismo en el Caribe. Al atardecer del martes 30 de mayo de 1961, Trujillo sube a su flamante Chevrolet Bel Air azul, conducido por su chófer de confianza y sin escolta, con rumbo a La Caoba, la casa favorita en San Cristóbal, su pueblo natal, al oeste de la capital. Otro coche ocupado por varios militares, al parecer con el apoyo de la CIA, intercepta el vehículo presidencial; Trujillo se defiende a tiros, pero es acribillado a balazos. Sólo dos de la docena larga de conspiradores se salvan de la represión subsiguiente. Pero a los cuatro meses de estos hechos, la capital del país vuelve a llamarse Santo Domingo. Un grupo escultórico de dudoso gusto, titulado Monumento a la muerte de Trujillo, recuerda a los turistas el lugar del ametrallamiento, en la continuación del Malecón dominicano, la denominada autopista 30 de Mayo.