Reservas de la biosfera

| NORMAN PÉREZ |

OPINIÓN

26 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LAS RESERVAS de la biosfera son espacios naturales declarados por la UNESCO al amparo del programa MAB (Man and Biosphere), nacido en 1976. En la actualidad forman la única red de espacios naturales que existe a nivel mundial, abarcando más de 500 espacios a lo largo de los cinco continentes. Las reservas presuponen una adecuada interrelación entre el hombre y el medio, configurándose como lugares de excelencia para el cumplimiento de sus funciones de conservación, desarrollo humano y económico e investigación-logística. Entre los criterios para su designación está el de contener un mosaico de sistemas ecológicos relevantes para la conservación de la diversidad biológica, con diversas formas de intervención humana, ofreciendo posibilidades de ensayar y demostrar métodos de desarrollo sostenible. Se exige además una correcta zonificación de sus espacios (núcleo, tampón y transición), y una alta participación de los actores locales. Si bien la declaración presupone un buen estado de conservación inicial de sus ecosistemas, que le hace merecedor de esta distinción, ésta no lleva aparejado un régimen jurídico de protección, compromiso que corresponde a las autoridades de cada Estado y más directamente al organismo encargado de su gestión y tutela, que debe garantizar la sostenibilidad de las acciones que allí se desarrollen. En garantía, la UNESCO prevé una revisión cada diez años, pudiendo llegar incluso a la desclasificación de la reserva. La declaración tampoco conlleva financiación directa, si bien facilita, por el prestigio que le otorga el organismo internacional, y por la metodología de desarrollo local que se supone que el territorio ha adoptado, la obtención de otros fondos para su desarrollo. Las reservas disponen de una interesante metodología de trabajo en red, con un constante intercambio de experiencias, tanto a nivel de protección ambiental, como de generación de procesos de desarrollo local. En Galicia disfrutamos desde el 2002 de la reserva de Terras do Miño (Lugo), a la cuál ha seguido la de Allariz en el 2005. Como fórmula de desarrollo rural y de conservación del medio natural, parece muy adecuada para nuestro territorio, y por eso se baraja ya, aunque tímidamente, la reserva de las Rías Baixas, e incluso el reintento de Os Ancares, encuadrado ya en la gran R.B. de la Cordillera Cantábrica, que presiona desde los lindes de León y Asturias. Aunque alguna padece a día de hoy graves problemas de conservación, son una buena forma de poner en valor y desarrollar nuestro territorio y preservarlo para las generaciones futuras, y por ello les damos la bienvenida.