SE NOTA, efectivamente, que hemos estado demasiado entretenidos con la «España plural». Se nota en que ahora aparecen de golpe los otros temas. Y entre ellos, un cúmulo de noticias que producen la impresión de que a este país hay que estar limpiándolo constantemente. En breve plazo, la caldera de la limpieza necesaria se ha puesto a hervir a borbotones. Las cárceles se abren de nuevo para funcionarios que buscaron el enriquecimiento personal. Cientos de miles de ciudadanos han sido estafados, con signos de descuido legal y descontrol de la Administración. Se habla más que nunca de mafias en la delincuencia, en el tráfico humano, en el blanqueo y hasta en el mercado inmobiliario. Salta el escándalo del dopaje¿ Y en todo eso, un hilo conductor de larga y penosa tradición: el zulo y el maletín. Poco después de que se publicara que España es el país con más billetes de 500 euros que nadie ve en el comercio ordinario, se confirmó para qué sirven: para acumularlos como dinero negro. Un señor de Marbella tenía montones en una de sus casas. Un vendedor de sellos guardaba once millones detrás de un tabique recién levantado. Manolo Sáiz, mito del ciclismo español, fue detenido con un maletín con 60.000 euros. Éste vuelve a ser el país de los maletines. Es decir, el país de las corrupciones. Unas corrupciones que lo inundan todo: las administraciones públicas y las actividades privadas. España se está convirtiendo, además, en un paraíso de ese tipo de delincuencia. Aquí aterriza con toda tranquilidad la escoria de los ejércitos de la guerra de los Balcanes, con sus militares reconvertidos en atracadores. Aquí vienen los traficantes de droga a blanquear sus criminales ingresos en la compra de lujosas residencias. Aquí se sigue practicando la doctrina Solchaga , que certificó que estamos en el lugar donde se hacen riquezas más fáciles. Seguimos en él, pero a la cultura del pelotazo le sucede la cultura de la ilegalidad. Aquí circulan las sustancias dopantes con una facilidad tan pasmosa, que hace que se encuentren fichas de doscientos deportistas en las clínicas investigadas. Y todo esto tiene dos repercusiones populares. Una, que los detenidos pasan tan poco tiempo en la cárcel, que les resulta rentable cometer una fechoría. Otra, que vale la pena robar a mansalva, porque nadie ha tenido que devolver un euro. Ese es el patio descubierto en las últimas semanas. «Hay que actuar», es el grito que se oye por todos los rincones del país. Pero es tan grande la extensión de la mancha, y son tantas las manchas, que da la impresión de que hay que reformar toda la legislación penal. Y. una vez reformada, no habrá guardias para tanto delito nuevo y tanto como hay que vigilar.