Enorme galimatías

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

MEDIADA la legislatura, cuando ya empieza a oler a un adelanto electoral que bien podría situarse en el otoño del 2007, no cabe ninguna duda de que Rodríguez Zapatero posee una hoja de ruta muy bien diseñada, en la que se mezclan a partes iguales algunas ideas y objetivos muy claros, diversos golpes de efecto pensados para la galería, una pizca muy notable de buena suerte y una audacia política sorprendente. Gracias a esa hoja de ruta, que no está exenta de bruscos sobresaltos, se vienen introduciendo cambios importantes en la sociedad española que, dada su irreversibilidad y su fuerte incidencia popular, parecen haber oscurecido todas las reformas que forjó el aznarismo en ocho años de poder. Pero si tuviésemos que elegir una de las mencionadas características como clave explicativa de lo que sucede en España, esa sería, con toda evidencia, la audacia. Porque, a base de aplicar el conocido principio de que «el que da primero da dos veces», se está obviando la necesidad de construir consensos y mayorías que, lejos de responder a la coyuntural opción en favor del PP o del PSOE, sirvan para dotar de madurez y estabilidad el futuro político y constitucional de España. Las grandes decisiones que definen la era Zapatero, entre las que cabe destacar la reforma de los estatutos y la pacificación del País Vasco, se están logrando a base de poner a todos los partidos en un brete y, sin previo debate, o a toro pasado, obligarles a escoger entre el dulce desorden que preconiza el PSOE o el caos destemplado que propone el PP. Es la nueva moda del consenso a contrapelo que, si bien es cierto que cumple con las desnudas exigencias del trámite parlamentario, va dejando el camino sembrado de obstáculos y celadas. Con el Estatuto de Cataluña en proceso de refrendo, con la tregua de ETA varada en la indecisión y en las inercias del pacto antiterrorista, con el PP adoecido en contra de todo lo que se mueve, con soluciones de parcheo a cuestiones tan importantes como la inmigración, la política energética y los proyectos infraestructurales, y con una acumulación de escándalos y casos de corrupción que suenan a grave crisis moral y política, la sensación que transmite la política española es la de un enorme galimatías, que nadie sabe describir exactamente en sus causas y consecuencias, pero que a todos nos produce una inquietud creciente y muy exasperante. El galimatías es un estadio anterior a la crisis, y puede ser coyunturalmente tolerado si funciona como un peaje hacia el buen gobierno. Pero si se hace endémico, el galimatías político se convierte en un grave problema. Y ese es, si Zapatero no lo remedia, el horizonte que nos espera.