A FECHA de hoy, lo menos que se puede decir es esto: que la hoja de ruta de Zapatero se ha torcido. El programa del presidente se resumía en cuatro palabras: primero, paz; después, política. Para ese objetivo contaba con el apoyo de todos los grupos parlamentarios y un sí relativo -tan relativo que se queda sólo en la primera parte, la paz- de Mariano Rajoy. Pero hablaron los encapuchados y todo se tambalea. Si cuando se supo que había cartas de extorsión a empresarios pudimos hablar de «un jarro de agua helada», ahora los cubos de hielo han caído como un pedrisco sobre la cosecha de esperanzas: ETA habla el lenguaje contrario. Quiere paz y política al mismo tiempo. Pretende pasar factura en la mesa de negociación. Se atribuye la paternidad de la conciencia nacional vasca y de la utopía de Euskal Herria. En consecuencia, plantea lo esencial para ellos y para este país: no está dispuesta a abandonar las armas sin recoger beneficio político. Lo que todos vemos como rendición, ellos lo plantean como triunfo final. Tratemos, como siempre, de buscar el equilibrio. Tan ingenuo es pensar que ETA iba a decir que terminaba fácilmente su loca aventura de cuarenta años, como dar por cerrado y fracasado todo ante el contenido de una entrevista-comunicado. Hasta los generales más sólidos y curtidos alientan a sus soldados cuando no tienen esperanza de salir con vida de la batalla. La invocación de la «victoria final», con razón o sin ella, es la característica de quienes entienden la vida como una guerra. Vistas así las cosas, la entrevista es una mala noticia, pero no la mala noticia. Es, honradamente, lo que podíamos esperar. Lo contrario era un exceso de optimismo. Quizá de buenismo. Y si un gobierno no contase con eso, estaría haciendo un ejercicio de ingenuidad. O confesando que había sido engañado por alguien. Pero ésas son las contradicciones del complicado, pero esperanzado, momento que vivimos: un paso adelante, dos pasos atrás; un día de ilusión, dos de desilusión; a un abandono de las armas tangible, sucede una dificultad que lo aleja¿ Y ETA, feliz con el protagonismo que entre todos le damos. No son más que unos asesinos, unos mafiosos que viven de extorsionar a otros; pero, ¿quién se resistiría a sentirse el ombligo del mundo, eje de la política vasca y española, al ver la expectación que suscita el simple anuncio de una entrevista suya? ¿Cómo no van a sentirse árbitros de la situación? Perdónenme. Son puros apuntes, a veces contradictorios, de una reflexión con infinitos matices. Lo único cierto es que, con los datos de hoy, toca decepción y retraso. Toca seguir esperando. Con esos planteamientos, ni Zapatero ni nadie se puede sentar a negociar.