Flores

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

FLAMENCA, rumbera, le dice Amparanoia en su nuevo trabajo. Hablo de Rosario, mujer de azabache, hija y hermana de artistas. Hay un mirlo que canta en sus ojos. El disco devuelve a la pequeña de Lola de España al cielo que la habían llevado las letras de su hermano y alma gemela, Antonio, garabato de mujer. Viene de ser madre, otra vez, lo más grande. Hay lírica y cachondeo. Hay poesía a coro con otro Antonio, Vega, genio único. Hay marcha de la que sólo saben organizar los flamencos, en cualquier momento, en cualquier lado. Está Brasil y le roban una guitarra a Caetano. No falta la puñalada al acoso de la prensa del colorín: «Que me dejen vivir, que me dejen sentir». Tiene una mirada de carbón y un revoltijo de pelo que cae como caracolas de mar, puro coral. Luce un directo muy potente. Es un manojo de huesos de santa que se convierten en maraca. Ahora vuelve micro en mano y sobre un escenario. En la plaza, torera, para armarla y amarla. Hay artista de verdad, con el verso que corre como un rumor por la sangre. No es una de esas clónicas de factoría de televisión que no se sabe si cantan o dirigen el tráfico. Por un beso de la flaca, yo daría lo que fuera. Hay que echarle muchas flores. Con ella me voy. cesar.casal@lavoz.es