Mayo

| RAMÓN PERNAS |

OPINIÓN

10 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

ESCRIBO en un día de mayo. A mi espalda el sol se cuela por los vidrios de la galería y se da de bruces contra la pantalla del ordenador, coqueta con los reflejos dorados, y como un poeta antiguo abro la mañana al corazón de la primavera en un mensaje alborozado, y es mayo de agua, de agua de mayo y de cruces en los patios. Escribo en una mañana soleada de un día de mayo, que es otra forma de decirlo, y voy imaginando el perfume de las horas en las que la primavera es la exaltación de la vida y los aromas de mayo inundan la memoria del olor de los jacintos, de las azucenas, los gladiolos y las dalias, los misteriosos tulipanes y los lilium que ponen un extraño subrayado floral a esta crónica que voy delimitando escribiendo al margen, como si de una cuneta se tratara, con las flores de oro de los toxos que estallan de dorados por todos los caminos de mi país gallego. Es largo el día, que por mayo era por mayo, mengua la noche que prologa el solsticio que ha de llegar por San Juan cuando ya se pregone el verano. Y un foguete escribe en el aire su mensaje de fiesta. Comienza con la Santa Cruz el rosario festero que pone romerías en el calendario, que decreta la fiesta mayor por toda la gallega geografía. Y a mediados, los mayos saldrán a la calle vestidos con juncos y loureiros a derrotar al invierno cantando sus coplas y regalando flores y maiolas , castañas secas, a quienes hacen en su camino el coro jovial. Despierta mayo, que se acabó el invierno. Y a mediados se abre el libro de Galicia y se escriben mil libros nuevos como la vieja lengua, coincidiendo el diecisiete con la jornada grande de nuestras letras Y cabalgando mayo voy llegando a la mitad del artículo. Doblando la primavera en dos mitades, y sigo poniéndome lírico recordando que el primero de los días de este mes de treinta y uno, el quinto del calendario gregoriano, dedicado en su origen como bien asegura Google a la diosa Maya, o quizás a Flora, en las aldeas cercanas a mi pueblo se plantaba un árbol que crecía lanzal trabajado por el viento. Recordando que el primer día del mes lo tenía marcado en rojo en el almanaque de mis sueños mozos, cuando la vida era todavía una reivindicación a plazo fijo, y la fecha desplegaba sus banderas rojas por las cuatro esquinas de mi memoria, y el corazón latía al ritmo que marcaba la revolución que no llegó nunca. Debió de ser en mayo, seguro que fue en mayo, cuando mudé mi piel adolescente, cuando una noche, ya va para tres años, la muerte trajo toda la orfandad y se llevó a mi padre. Pero esta mañana dejé entrar todo mayo por mi ventana y aquí lo tengo posándose en el teclado, mirándose de reojo en la pantalla, saludándome como un recién llegado, sabiendo que, pese a todo, lo estaba aguardando. Él y yo teníamos una cita, habíamos quedado para entonces. Disimulé al verlo, pero cuando me reconoció lo abracé como quien abraza a un amigo. Bien sabe que lo es, querido mayo.