Todos a comparecer

OPINIÓN

SI A LOS MIEMBROS del Consejo de Colegios de Médicos Gallegos les hubieran avisado hace una temporada de que iban a tener que consultar a sus ilustres colegiados sobre si consideran a Galicia nación, región, nacionalidad o principado, no hubieran dado crédito a lo que les habría parecido, probablemente, una majadería o, sin más, un despropósito. Y, sin embargo, eso contaron resignados el miércoles pasado en la comisión del Parlamento gallego encargada de la reforma estatutaria: que habían abierto una consulta para saber lo que opinan cardiólogos, internistas o radiólogos sobre cómo debe figurar Galicia en ese nuevo Estatuto que, al parecer, debe convertirnos de una vez en catalanes. Aunque algunos de ustedes quizá se extrañarán de cosa tan fantástica, la verdad es que yo la encuentro natural: y es que al igual que los revolucionarios franceses decidieron poner al país sobre las armas a los sones de La Marsellesa (¡Allons enfants de la patrie!) nuestros diputados han acordado poner al país sobre las identidades al son de lo que -con permiso de una panadería de mi pueblo, de nombre homónimo- deberíamos denominar ya La Santiaguesa: ¡ Allons comparants de la patrie ! , es decir, ¡Adelante comparecientes de la patria! ¿Quién, que no sea un traidor o un aguafiestas, puede dudar de que tal movilización patriótica, sin precedentes conocidos, constituye una muestra de ingenio y compromiso con el país que a nadie que no fueran nuestros actuales diputados se le hubiera pasado por las mientes? ¿Me permitirán, en todo caso, que les haga una humilde sugerencia? Los médicos, entre otros, han opinado sobre varias cuestiones que, según es público y notorio, están algo alejadas de su quehacer profesional. Nada más lejos de mí que insinuar que considero improcedentes tales juicios. Todo lo contrario: vistas las patochadas que han manifestado al respecto algunos ilustrísimos colegas, tengo por cierto que entre los médicos hay, sin duda, gentes más sensatas que entre ciertos profesionales del derecho. No, lo que ocurre es que si los médicos (y las amas de casa y el gremio de peluqueros y tutti quanti) no son llamados a comparecer en su cualidad profesional -para hablar de lo que saben- sino en su calidad de ciudadanos, lo lógico y natural sería que todos los gallegos fuésemos llamados, por turnos, a comparecer antes o después. ¿Se imaginan la grandeza de tan universal consulta general? Todos juntos, entre cánticos y enseñas, construyendo, comparecencia a comparecencia, este país. Ni Danton, ni Marat, ni el mismísimo Robespierre pudieron nunca imaginar tal fusión de la Patria y la Nación.