Euro a euro

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

22 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EL EURO esconde la inflación más salvaje que hemos vivido en décadas. Euro a euro, nos arruinamos. Nada cuesta lo que parece. Lo que pasa es que hemos perdido la costumbre de calcularlo en pesetas. Probablemente como mecanismo de defensa, para no hundirnos. No es que el aceite de oliva esté imposible, aceituneros altivos. Es que llenar el depósito del coche es una locura. Antes con cinco mil pesetas hacías kilómetros. Ahora con 30 euros no te da ni para el obligado trayecto de casa al trabajo. El cine son mil pelas, cuando eran seiscientas. Vas a Madrid y te soplan seis euros por una caña con patatas. Imposible está el calzado. Los libros ya eran caros en pesetas. En euros se miran, pero no se leen. El café de toda la vida es un ejemplo claro: un euro. Antes, menos de cien pesetas. Ése es el truco. Lo que eran cien pesetas, se gastan hoy como 166. Me pregunto: ¿qué bolsillo puede con ese tirón? Y creo que me quedo corto. En el cajero voy más allá. Tengo la sensación de que el gasto se redondea al alza y se multiplica por dos. Sacas 60 euros, que son diez mil pesetas de toda la vida, y te cunden como la mitad, cinco mil pesetas de las de antes. Esa es la realidad del ciudadano que no va en coche oficial. cesar.casal@lavoz.es