Cuartelazo a la griega

DAVID GIPPINI

OPINIÓN

GOLPE DE ESTADO DE LOS CORONELES EN GRECIA La Europa meridional cuenta con una larga tradición de regímenes autoritarios: franquismo en España, fascismo en Italia, Salazar en Portugal. Ni los griegos, inventores de la democracia, escaparon a este sino y sufrieron durante ocho años la dictadura de los coroneles.

20 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Todo empezó el 21 de abril de 1967, cuando un grupo de oficiales encabezado por los coroneles Papadópulos, Pattakós y Makarezos se levantaron contra el rey Constantino II con la excusa de poner fin a la inestabilidad de la frágil democracia implantada en el país al término de la Segunda Guerra Mundial. En realidad, detrás del golpe se encontraba la larga mano del Gobierno de Estados Unidos, preocupado por la posibilidad de que se instaurase un régimen comunista en el único país de Europa oriental ajeno a la órbita de Moscú. Eran tiempos de guerra fría, y los pequeños estados no eran más que peones en la gran partida de ajedrez que se jugaba entre Washington y el Kremlin. Al monarca griego no le quedó más remedio que emprender el camino del exilio mientras en Atenas se instalaba un gobierno presidido por Papadópulos y con otro militar, el general Zoitakis, en el papel de regente. Después del golpe, Grecia vivió años de terror y represión: miles de personas fueron encarceladas o deportadas, y los sospechosos de simpatizar con el comunismo o con el socialismo fueron apartados de la vida pública; tampoco faltaron las torturas, especialmente crueles con los organizadores de un intento fallido de restaurar la democracia en diciembre de 1967. Los tintes paranoicos del régimen también se dejaron sentir en la vida cultural, con decisiones tan arbitrarias como declarar fuera de la ley los escritos de Platón y las comedias de Aristófanes por temor a una posible interpretación izquierdista. Mientras tanto, la política exterior de los coroneles oscilaba entre la lealtad a Estados Unidos y el gusto por aventuras como los contactos con el régimen comunista de Pekín o las intervenciones en Chipre. La vecina isla, independiente del Reino Unido desde 1960, era objeto de disputa entre Grecia y Turquía, de modo que Atenas no dudó en alentar un golpe como paso previo a la anexión. La consecuencia inmediata fue la ocupación de parte de la isla por el ejército turco y una división que todavía sigue vigente. Pero, además, la operación supuso el canto del cisne de la dictadura: expulsada Grecia del Consejo de Europa por las constantes violaciones de los derechos humanos, al borde de la guerra con Turquía y perdido el apoyo de Estados Unidos, los coroneles optaron por abandonar el poder, a lo que contribuyó también la presión popular. El Gobierno del país fue asumido por Constantino Caramanlis, un político conservador que ya había ocupado el cargo entre 1955 y 1963. Él fue el encargado de liderar una transición que comenzó con la aprobación de una nueva Constitución en 1975, en la que se abolía la monarquía y se proclamaba la República. El proceso culminó en 1981 con el ingreso de Grecia en la Comunidad Económica Europea y la victoria de los socialistas en las elecciones legislativas. Todo muy parecido a lo que ocurrió en España, con la salvedad de que el régimen de los coroneles sólo duró ocho años, los suficientes, eso sí, para que los máximos responsables fueran condenados a cadena perpetua una vez reinstaurada la democracia.