Dachas y cortellos

La Voz

OPINIÓN

LUÍS VENTOSO

17 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

ROCA, el dinámico emprendedor marbellí, poseía un reactor, un helicóptero, cinco kilos de joyas, 103 purasangres y 275 obras de arte exclusivísimas (entre ellas, ese ya mítico Miró del váter, que entretenía sus paradas biológicas en el excusado). También disponía de latifundios, mansiones, toros y una colección de fieras que había agujereado en safaris varios. Hombre perseverante, entre una comisión y otra acabó amasando un petiño de 2.400 millones (la cuarta fortuna de España). Casualmente, el detalle le había pasado desapercibido a nuestra pugnaz Hacienda, la misma que cruje a cualquier pensionista que le sisa 30.000 pelillas. La caída del ostentoso Roca coincide con la de Provenzano, ascético capo máximo de la mafia. Mientras Roca adoraba al becerro de oro, el siciliano moraba en un cortello de Corleone y se comunicaba con notitas. Maleados por las películas de Coppola, dudamos de que ese paisanete que vivía en la cochambre liderase una multinacional con tajada en el urbanismo caníbal del Mediterráneo; con redes florecientes de extorsión, blanqueo y narcotráfico; con docenas de políticos corruptos en nómina. Pero Roca y Provenzano tienen algo en común: son la base de una escombrera que pringa en silencio mucho más arriba.