La culpa, para el que la trabaja

GERARDO GONZÁLEZ MARTÍN

OPINIÓN

13 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

POR MUY fino que hilen los jueces en su día, en relación con el escándalo de Marbella, hay que dar por hecho que no se sentarán en el banquillo dos segmentos de la sociedad que no han permanecido al margen del enredo. De un lado, las estructuras de los partidos políticos que no supieron seleccionar a sus candidatos y hacerles el debido seguimiento después, y los ciudadanos que les votaron, y lo hicieron en este caso no obstante los antecedentes que se conocían en el municipio marbellí, nada tranquilizadores, por supuesto. No por una corrupción, sino por una dejación, el excepcional humorista que era Wenceslao Fernández Flórez escribía en los años veinte sobre Ángel Urzaiz, a la sazón diputado por Vigo, tarea en la que llevaba media vida. Aquel andaluz que había formado parte de varios gabinetes de la Restauración, e incluso se ganó el apelativo de ministro honrado, era objeto de las iras del escritor porque no se había preocupado por el desarrollo del puerto vigués. «El señor Urzaiz es un cunero distinguido; su comportamiento con Galicia ha sido siempre el de un cunero. Un cunero hace bien en desdeñar su distrito, como un adulado desdeña al adulador. Nosotros nada reprochamos al señor Urzaiz. Vigo le votó, Vigo le tiene», concluía Fernández Flórez en un diario nacional. Hoy podemos decir que Marbella les votó, Marbella les tiene, aunque buena parte de ellos, por ahora, a buen recaudo. Los ciudadanos están obligados a hacer una catarsis, a analizar el modelo o modelos que han conocido y comprobar a lo que conduce. Pero no pueden mirar para un lado e ignorar que la culpa es para quien la trabaja. Incluidos los aparatos de los partidos, que más de uno tenemos la convicción de que si quisieran podrían detectar en origen y en su desarrollo no pocos casos de corrupción política. Habrá que confiar en la espada flamígera de la policía y la justicia, pero no exonerar de la parte de culpa que tienen a ciudadanos del común y organizaciones partidarias.