Todo correcto

LUÍS VENTOSO

OPINIÓN

EN 1673, poco antes de morir, Molière, genio ácido de la comedia francesa, estrenó El enfermo imaginario . La farsa se choteaba de los falsos achaques del protagonista, que llegaba al extremo de intentar casar a su hija con un médico para gozar de atención gratuita. Si escribiese hoy su clásico, Molière se toparía con la protesta de alguna asociación de hipocondríacos, iracundos ante tan vejatoria mofa. En nombre de lo políticamente correcto, la realidad va perdiendo su nombre. En plena alianza de civilizaciones, ¿es adecuado enseñar en las escuelas las caiditas de Almanzor por Santiago? No parece. Con los melindres que nos atenazan, Shakespeare arrastraría de por vida falsa etiqueta de antisemita sólo por haber creado a un personaje tan enojoso como el Shylock de El mercader de Venecia . ¿Y qué decir del rampante sexismo de la Biblia, donde todos los profetas son paisanos de luengas barbas? ¿No convendría reescribir aquello de un modo paritario? Ya no cuela ni el animus jocandi , el eximente del humor que consagró el derecho romano. La corrección es norma. Los bajitos pronto seremos «personas verticalmente recatadas»; los calvos, ciudadanos «cranealmente afuncionales» y palmarla constituirá «una inhibición integral de las constantes vitales».