11 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.
Si se excluye la época más reciente, Galicia siempre ha soportado un saldo migratorio negativo. Durante décadas, las familias tuvieron que resignarse a la marcha de algunos de sus miembros, aunque el dinero que éstos enviaban desde ultramar resultaba de gran ayuda. Esta imagen del puerto de Vigo, atestado de personas que esperaban su turno para embarcar rumbo a América, era una estampa habitual de los muelles gallegos a principios de siglo.