Frondosos

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

LOS árboles son como nosotros o nosotros como los árboles. Tengo amigos que son como álamos, orgullosos, altivos. Otros son como japoneses, juguetones, frutales. Yo soy a menudo un sauce llorón. Los hay que dejan que caigan sus hojas y se quedan desnudos a tu lado. Otros son generosos como carballos. Su sombra es benéfica. Siempre están ahí, en lo bueno y en lo malo, frondosos. El tiempo los ennoblece, mágicos. Los hay que son como prunos, hermosos, coquetos. Nos pasa como a los árboles: necesitamos echar raíces allí donde estamos. A algunos les gustar echar sus raíces en el viento y no dejan de viajar. Queremos agua y sol, cariño. Como a los árboles, nos queman las imprudencias de la vida. Hay quienes son como eucaliptos. Te chupan, te vampirizan y te dejan temblando de frío, con la sombra rechumida. Olvidamos que somos parte de la naturaleza y que a los seres humanos hay que regarnos para que no nos quedemos en desamparados rastrojos. Como el hombre de aquel cuento que, cuando se encontró a morir, se despidió uno a uno con un abrazo de los árboles de su finca. ¿Por qué no nos damos cuenta de que lo que de verdad nos sienta bien son los besos, la ternura? cesar.casal@lavoz.es