MASSIEL GANA EL FESTIVAL DE EUROVISIÓN Después de la renuncia de Serrat, que ya entonces pretendía cantar en catalán, Massiel tuvo que tomar el relevo con apenas dos semanas para prepararse. Pero en Londres ganó el festival para España y el Régimen lo vendió como un gran triunfo internacional.
05 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Bien sé yo que a María de los Ángeles Santamaría, Massiel para el arte, poca gracia le hace la aseveración que da título a esta crónica, pero aquel 6 de abril del año sesenta y ocho, justo cuando tenían lugar las primeras escaramuzas de los estudiantes que anticipaban el mayo en París sembrando barricadas, ganó el Régimen en su voz, con la canción La, la, la, representando a España en el festival de Eurovisión celebrado en Londres. Un voto de diferencia con la canción británica, la popular Congratulations, interpretada por Cliff Richards, le dio el triunfo a Massiel. Desde el gol de Zarra no se vio tal cosa por estos lares: derrotamos a la pérfida Albión en su propio territorio. Los de la cáscara amarga señalaron entonces que el festival estaba amañado y que el ministro de Propaganda, Información y Turismo, Manuel Fraga, removió Roma con Santiago, para que las cancillerías consiguieran el premio para España. Porque ese año el festival sufrió fuertes marejadas, que concluyeron con el abandono del cantante elegido, Joan Manuel Serrat, porque dos semanas antes del evento se negó a cantar la canción del Dúo Dinámico en español. El cantautor vivía sus años de monolingüismo y sólo interpretaba en catalán. Ahora es doctor honoris causa y arrasa en Sudamérica con sus temas en español. La sustituta fue una muchacha rebelde, que cantaba por Aute e iba dejando el Aleluya numero uno por las emisoras de radio y arrojando, allá por donde iba, Rosas en el mar. La Tanqueta de Leganitos, en cariñosa apelación de García Sánchez, fue considerada a la vuelta del festival poco menos que Agustina de Aragón y María Pita juntas. Le concedieron el lazo de dama de Isabel la Católica, que no fue a recoger al Pardo de manos de su excelencia el Caudillo. La televisión única, que gobernaba el gallego Rosón, se anticipó a la multidifusión repitiendo la actuación de Massiel hasta la saciedad. Y allí estaba ella con su modoso traje de Courreges, su cuerpo juvenil y todavía menudo, dirigida por el maestro Ibarbia y acompañada por un coro de tres voces femeninas que ya para siempre fueron el Trío la, la, la. Ese triunfo marcaría para siempre la carrera artística y la vida personal de la díscola hija de Santamaría, famoso representante de artistas de la época, de convicciones progresistas ?estuvo casada con el diputado socialista Zayas, padre de su hijo?. Nunca, ni representando a Brecht con Fernán Gómez, pudo lavar su pecado de juventud y tuvo que cargar con la cruz de la canción eurovisiva. Melodía que ha sobrevivido a varias generaciones, que forma parte de nuestra educación sentimental, perteneciente a la banda sonora del franquismo y que todavía ha sido recientemente exhumada para la despedida amable del alcalde Vázquez, que la incluyó en las partituras musicales del adiós consistorial. Pero si Massiel triunfó en Londres aquel año, aquel festival de Eurovisión lo ganó el Régimen.