A LOS KURDOS iraquíes les ha costado más de ochenta años de enfrentamientos con el Gobierno de Bagdad -tras la proclamación del Estado iraquí en 1921 y una guerra civil de dos años, de 1995 a 1997- darse cuenta de que el enemigo no eran sus hermanos de la otra gran confederación tribal o del partido rival, sino la división entre sus propias filas. La falta de unión y la preferencia por aliarse con el diablo antes que con otro kurdo para lograr sus objetivos políticos fue la gran debilidad que manipuladores como Sadam Huseín utilizaron para controlarlos hasta el acuerdo de 1997. Ahora que el centro y sur de Irak viven sumidos en un caos sangriento, el Kurdistán iraquí está demostrando que, con la alianza entre la UPK (Unión Patriótica del Kurdistán), dirigida por el actual presidente iraquí, Yalal Talabani, y el PDK (Partido Democrático del Kurdistán), liderado por Masud Barzani, heredero de una larga dinastía política, es una zona próspera y segura. Sin embargo, esta tranquilidad y el crecimiento económico de una región en la que millones de emigrantes kurdos están invirtiendo es sólo un espejismo. La autonomía de facto que viven es precaria ya que depende no sólo de la protección militar que las fuerzas aliadas llevan ofreciéndoles desde la guerra del Golfo, sino de la no intervención de Irán y Turquía. Por ello, los kurdos iraquíes contemplan con preocupación la escalada violenta de estos días entre sus parientes turcos. El nuevo levantamiento incitado por el turco PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán), vinculado con graves atentados terroristas, puede frenar los avances en la negociación para alcanzar una amplia autonomía. Si el Kurdistán iraquí da un paso en falso que pueda ser interpretado como una amenaza para la integridad del Estado otomano, Ankara no dudaría en invadir, una vez más, territorio iraquí para arrasar con cualquier idea que pudiera llevar a la zona más rica en agua y yacimientos petrolíferos de Turquía a unirse con su prolongación natural en el sur. Un Kurdistán unido, libre y próspero desequilibraría la balanza de poder en la zona, algo para lo que, si el mundo no está preparado, Turquía mucho menos.