A pesar de ellos

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

EN LOS PRIMEROS años del pasado siglo XX comentaban en una famosa tertulia médica del Café Suizo de Madrid los éxitos terapéuticos de la homeopatía. En eso estaban unos cuantos tertulianos cuando don Santiago Ramón y Cajal intervino para hacerles esta observación: «No olviden ustedes que los enfermos se pueden curar con el médico, sin el médico y a pesar del médico». Bien, eso es lo que nos ocurre casi un siglo después. No con la clase médica precisamente, que bastante tiene con sus cosas, sino con la política. Con los que han cargado sobre sus hombros la responsabilidad de gestionar nuestro futuro. Porque el país arranca cada mañana, con ellos, sin ellos, pero sobre todo, a pesar de ellos. El último ejemplo, la última sesión del Parlamento español en la que quedó aprobado el nuevo texto del Estatuto catalán. Los insultos, las descalificaciones, el lenguaje tabernario y los estilos soeces nos indican que no nos merecemos lo que sus señorías nos han dado. Un espectáculo bochornoso. Se puede estar de acuerdo o no con el texto estatutario, se puede discrepar abiertamente, que para eso estamos, se puede defender o no su constitucionalidad y se puede, incluso, desacreditar a quienes lo redactaron. Pero con estilo, con educación, con elegancia y con un saber estar que todos echamos en falta. El Estatuto va a pasar a la historia de nuestro país por infinidad de detalles y controversias. Por todo lo que ha ocurrido desde que se inició su tramitación. Y por lo que todavía puede ocurrir hasta que entre en vigor. Pero en el debe de sus señorías queda el espectáculo de esta deplorable sesión del jueves en la que el insulto, la ofensa, la grosería y la chabacanería encubrieron el fin último de la sesión, que no era otro que dar luz verde al Estatuto. Aunque pudiera parecer que de lo único que se trataba era de ofender, pisotear y humillar al adversario.