De APA a APA

| MANUEL-LUIS CASALDERREY |

OPINIÓN

LAS ASOCIACIONES de padres de alumnos (APA) de los primeros niveles de enseñanza (primaria y secundaria), llevan muchos años funcionando. Con su creación se pretendía implicar a los padres de los alumnos en la vida de los centros, especialmente en las actividades complementarias de las académicas, con el fin de lograr una formación más completa de los alumnos. Los representantes de los padres forman parte del consejo escolar y participan en decisiones importantes de la vida académica y social de escuelas e institutos. Las APA han procurado colocar a sus asociados en el consejo escolar y, de ese modo, muchas han contribuido al mejor funcionamiento de los centros. Aunque, también hay que decirlo, alguna sirvió para incordiar y crear problemas. En el momento en que no era políticamente correcto usar padres para referirse al padre y a la madre, creyendo que el problema de la discriminación de las mujeres se iba a solucionar maquillándolo con pinceladas de lenguaje, en ese momento, digo, las APA se transformaron en AMPA (asociación de madres y padres de alumnos), que en Galicia fueron ANPA (asociación de nais e pais de alumnos). En algún caso, hay quien se sintió tentado a poner una H delante del acrónimo AMPA. Pero el Gobierno, para enmarañar todavía más el problema de las uniones homosexuales, a las que llama, contra viento y marea, matrimonios, se saca de la manga la supina estupidez de progenitor A y progenitor B. La supina calificación se debe a que las uniones homosexuales no progenitan nada, si me permiten usar un verbo que no existe. Desde ese momento desaparecen madre y padre y de nuevo han de llamarse APA a las asociaciones de progenitores de alumnos. Han dado tantas vueltas como el perro tratando de atrapar su rabo, para llegar al mismo sitio: de APA a APA. Clarividentes ellos.