ESTAMOS extenuados. Llevamos unos días agotadores y repletos de análisis. Primero estudiando, interpretando y descifrando los comunicados de la banda terrorista. Que por qué dice permanente y no definitiva . Que por qué habla de alto el fuego y no de tregua . Y que por qué son tres y no doce los terroristas que aparecen con chapela y capucha. Y ahora empezamos una nueva e importante labor. La de deducir qué va a hacer el principal partido de la oposición ante este nuevo escenario. Porque la cúpula dirigente del PP no se da puesto de acuerdo. Frente a los mensajes de Mayor Oreja, y los ya habituales de Acebes y Zaplana de que Zapatero se ha rendido y que ETA no ha renunciado a nada, se alzan los de Elorriaga, Gallardón, Matas y Núñez Feijoo, que nos dejan signos para la esperanza. Porque tenemos que ser optimistas. Nadie ha de quitarnos la ilusión antes de que se mueva ficha. Es cierto que todas nuestras esperanzas pueden irse al garete. Pero también todas las mañanas nos levantamos con la ilusión de tener un gran día y al final pasa lo que pasa. Nuestra existencia la escribimos a base de ilusiones, fracasos, alegrías y tristezas. Y acabar con las pesadillas terroristas forma parte de esa difícil supervivencia. Por eso los populares tienen la obligación de participar. Y tienen el deber, como partido llamado a gobernar, de comprometerse a ser una oposición responsable. Lo que el PP no puede es permanecer al margen de lo que ocurre, y mucho menos poner piedras en el camino. Con llamadas del Rey a la responsabilidad o sin ellas, los tiempos de la ofuscación han pasado a mejor vida. Y no entenderlo así sería un suicidio.