Políticos con orejeras

| GERARDO G. MARTÍN |

OPINIÓN

OCURRE con demasiada frecuencia que nuestros políticos, en general, abordan un tema sin tener en cuenta todas las consideraciones colaterales que el caso requiere. La demagogia rara vez ofrece matices. Acaba de suceder en el Parlamento catalán, donde todos los grupos parlamentarios han cuestionado el plan de saneamiento de RTVE en lo que se refiere a Radio 4. emisora pública de la red estatal que desde hace tres décadas emite en catalán, con una audiencia que dista de alcanzar los 10.000 radioescuchas. Difícilmente se puede decir con tal audiencia que «Radio 4 ha tenido y continúa teniendo un papel histórico en la recuperación de la lengua y la cultura catalanas». Y no es fácil hacer compatible el mantenimiento de una empresa tan poco útil para la finalidad con la que nació, con el dato de que la empresa matriz, RTVE, puede tener unas pérdidas anuales de 700 millones de euros si no se toman medidas. Parecería lógico que, cuando menos, los grupos parlamentarios hubieran dado alternativas: no eliminamos Radio 4, pero se reducen los gastos del ente público por este punto o por el otro. Lástima que el consenso alcanzado en asuntos como éste no lo logren en otros de gran enjundia. Cada día que pasa me ocurre con los medios públicos como con la medalla del amor, pero al revés: creo menos en ellos hoy que ayer. Y no se trata de la filosofía que afecta a su razón de ser, sino al alegre manejo que hacen de ellos los políticos. Centros como la emisora catalana, incapacitados para cumplir su objetivo a la vista de la evolución de sus audiencias, solamente podrían pervivir si realizaran una labor que llegara a una porción significativa de la población. Que además de costar un dineral no atiendan las necesidades para las que fueron concebidos supone un alegre manejo de los caudales públicos que los ciudadanos no nos merecemos. Quizá algún día tengamos que plantearnos algo semejante en Galicia, aunque, por fortuna, la situación de partida no se parece demasiado a la catalana.