Toma de conciencia

OPINIÓN

LLUEVE en Vitoria. Pasó la huelga batasuna sin pena ni gloria. Causó más escándalo el patrón de patrones Cuevas con sus declaraciones sobre el proceso de paz. Los ciudadanos vascos nos sentimos utilizados. Gracias al terrorismo muchos hicieron negocio: económico, en materia de seguridad; y político movilizando la solidaridad del voto para con las víctimas de la persecución terrorista. Hoy, se han enrocado en posturas maximalistas. A ETA se le derrota con policía y jueces. Me temo que no se lo creen ni ellos. Me temo que es la fórmula para atosigar al gobierno a la espera de algún atentado con muerto. Me temo que ya han provocado, mediante la manifestación de Madrid, la inseguridad del proceso y la prueba está en encarcelar a Otegi, que es la esperanza para la salida dialogada. El mundo de las cárceles es sórdido, pero para Batasuna es el tótem. Un muerto en la cárcel requiere de una ceremonia pública. Son vestigios del primitivismo simbólico radical vasco. La huelga la convocó LAB, pero Otegi no podía sustraerse a estar en la calle, hubiera perdido credibilidad y autoridad para luego señalar el camino del proceso de desmilitarización. Llueve en Vitoria, lejos de mi Mariña. Leo el periódico y parece como si me devolvieran al 68 que canta Ismael Serrano. La vieja Sorbona tomada por los estudiantes parisinos. La protesta contra el contrato por el primer empleo que permitirá a los empresarios franceses echar, sin miramientos, a los jóvenes trabajadores en los primeros dos años de relación laboral. Vuelvo a recuperar la esperanza. En la ciudad de la revolución francesa que puso los primeros cimientos para que, trasladada al nuevo mundo, se convirtiera en la declaración universal de los derechos del hombre, han despertado a la juventud frente a la precariedad y el egoísmo de un modelo económico laboral miserable. Cuando recuerdo con mis viejos compañeros de Comisiones Obreras del hospital donde me gano la vida (por oposición) la lucha por las treinta y cinco horas semanales, y ahora vemos los contratos por horas que les hacen en la sanidad pública a la enfermería, mientras a los médicos se les pagan peonadas por hacer lo que no hacen en jornada ordinaria, tenemos la sensación de haber perdido conciencia y de haber retrocedido en las conquistas sociales del pasado siglo. Por eso, como dijo Bogar. «Siempre nos quedará París».