Pendientes del apocalipsis


MÁS ALLÁ de su indudable éxito mediático, que es cosa pasajera, la convención nacional del Partido Popular pone de manifiesto dos graves errores estratégicos que Mariano Rajoy debería corregir. El primero, que tiene su discurso preso en el pasado, y que sigue empeñado en demostrar que la derrota del 14-M no se la debe a Aznar, ni a la pésima gestión de una catástrofe, ni a la crasa utilización del terrorismo que ya entonces se puso en evidencia, sino a cuatro chicos que utilizaron sus móviles -¡pásalo!- engatusados por Iñaki Gabilondo y Pérez Rubalcaba. Y el segundo, que cifra toda su estrategia electoral en la previsión de un apocalipsis que sólo se vislumbra en las tertulias radiofónicas y en la soterrada batalla de intereses que se libra en los periódicos de Madrid, pero que en modo alguno responde a los problemas de la gente ni a lo que comentan las familias mientras comen las cacheiras del antroido.La idea de que el Estatut es un texto lleno de defectos de fondo y de forma, o de que se tramitó de una forma chapucera, la comparto incluso yo. La sensación de que Rodríguez Zapatero se metió en los berenjenales de un reformismo exacerbado que hipertrofia los problemas sociales y llena el panorama legislativo de incoherencias y disfunciones tampoco la discute nadie. Y la sensación de que el Gobierno está preso de unos pactos que, siendo necesarios y muy normales en nuestro sistema parlamentario, están condicionando en exceso las estrategias electorales del PSOE, también la comparten el propio Zapatero y Fernández de la Vega. Pero de ahí a que España esté a punto de derrumbarse, a que estemos convirtiendo el futuro en un campo de minas, a que estemos cediendo ante los terroristas y los separatistas, o a que seamos el hazmerreír de un mundo rendido a los encantos de George Bush, hay un trecho -lleno de celadas e irracionalidades- que la gran mayoría de los españoles no quieren recorrer. Para que la estrategia electoral del Partido Popular tenga resultados satisfactorios se necesita no sólo que todo salga mal (que el Estatut embarranque, que ETA vuelva a matar, que el terrorismo islamista haga otra escala entre nosotros, que las parejas homosexuales se comporten de manera incívica y escandalosa, que nos quiten los fondos europeos, que el Papa se cabree, que la economía se hunda, que pare de llover y que el déficit público supere el 4 %), sino que los españoles nos creamos que Rodríguez Zapatero lo hizo todo a propósito, que quiere destruir España para repartirla con los terroristas, y que todos nuestros males tienen su origen en haber prescindido de un líder tan carismático y tan español como Aznar. Y esto, me lo temo por ellos, no va a suceder.

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