HIGINIO LÓPEZ Lacalle, colegiado de Segunda Regional, salió al campo del Matalascañas henchido de honradez y responsabilidad. El partido se presentaba razonablemente tranquilo ya que el equipo local tenía una desventaja de 30 puntos sobre el visitante. Así que Higinio lamentó tener que oír a los tres segundos de su aparición en el terreno de juego un potente y clarísimo: «Árbitrooooooo, subnormaaaaal, a ver cómo te portas». Pero no le dio demasiada importancia. Antes de pitar la primera falta ya había escuchado toda la calderilla de insultos habitual. Desde mamón a gilipollas. Pero la falta era de libro y favorable al equipo local, así que las menciones sobre la honradez de su madre no llegaron hasta que señaló un fuera de juego de tres metros al delantero del Matalascañas. Higinio tuvo que aislarse de aquel torrente de improperios y desenfocar las caras de furia de los aficionados para concentrarse en el juego. Así que no le costó mucho trabajo ver cómo el extremo local se tiraba limpiamente dentro del área. Higinio no pitó el penalti, aunque no le faltó la tentación. Y desde entonces los insultos más abyectos y perturbadores lo acompañaron hasta el final del partido. Cuando salió del pueblo, dos horas después de acabar el partido para evitar a la iracunda afición, paró en un bar cercano a tomar un café y vio en televisión cómo Eto'o intentaba irse del campo por que una parte de la grada le llamaba mono. A su lado, un parroquiano con la bufanda del equipo local comentaba: «¡No hay derecho!».