Autor


HAY PALABRAS, expresiones o fórmulas que cobran súbita fortuna y cunden como si fueran conejos. Quizá haya en sus razones una lingüística vertiginosa con una causa social y alguna extraña ideología en sus motivos. Es el caso de la palabra autor. Da la impresión de que todo el mundo está dispuesto a hacer lo que sea con tal de que pueda presentar lo que hace como un hecho «de autor». Así, David Broc -de quien se ignora todo salvo lo que su propio nombre indica- habla de una «información rosa de autor», e Iñaqui Gabilondo -de quien no hay modo de alegar ignorancia- señala el informativo que hace en el canal Cuatro como un «telediario de autor».Si el director de un diario dijera que pretende hacer un «diario de autor», es probable que su editor lo fulminara antes de que lo ensordeciera la brutal carcajada de todos sus subordinados, becarios incluidos. Ya puestos, imagínese el lector lo que diría ante un novelista que presentara la novela que acaba de escribir como una «novela de autor». Aunque, para ponderar las cosas, quizá merezca la pena fijarse en otras artes, mucho más hechas a lo versátil, como son las que tienen que ver con las ciencias del matrimonio. En ese sentido, Boris Izaguirre, por no salir del canal Cuatro, sí que puede decir que ha hecho un «matrimonio de autor». Claro que, de un modo u otro, todos los matrimonios lo son. Al igual que se puede asegurar que una mayoría de padres y de madres aspiran a crear una «familia de autor». En las antiguas compañías de comedias, que dieron lugar, a veces por endogamia, a las grandes familias y dinastías teatrales, el autor era un empleado al que se le decía el qué y el cómo de lo que debía escribir. Era un «autor de autor». Esa es la vertiente que lleva el asunto a su sustancia cabal, en relación más o menos oportuna con el poder. El poderoso busca siempre la guinda que haga de su poder un «poder de autor» y no un poder de cualquiera. En esa perspectiva, el presidente de Gobierno tiene todo el derecho a hacer de su política antiterrorista una «política de autor», con un apoyo debido «incluso si se equivoca», en palabras de Felipe González, al que cabe suponer una información privilegiada al respecto. Y algo de equivocación ha debido de haber para que Zapatero recabe de González un apoyo tan de autor.

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