SON las bellas condenadas de la tierra, las muchachas perdidas de los países fracasados que servirán de carne de fingida pasión para los machos de esta tribu que ya no saben enamorar. Intercambio desigual puro y duro, explotación sexual de las jóvenes en flor que se ganarán el pan con el sudor de su vientre. Parece que hay que blanquear el abuso, se le quiere legalizar olvidando que la libertad es el derecho a ejercer lo que es justo y vale la pena. Es la cara hipócrita de la acogida inmigratoria, abaratar la manipulación sexual y convertir a los renovados proxenetas en empresarios de la modernidad. Pobre país éste que ya se ha cansado de amar y ofuscado por la telebasura no sabe lo que es la lucha por la felicidad, el único valor real al margen del mercado.