EL EXCELENTÍSIMO señor Raúl Morodo, embajador de España en Caracas, tuvo la audacia de señalar en una entrevista para un medio impreso en España que en el 2002 en Venezuela hubo «sabotaje y un golpe de Estado». Igualmente, que «la transgresión retórica provoca suspicacia y, sobre todo, hostilidad y, en este sentido, el presidente Hugo Chávez es un gran transgresor inocente porque sólo la inocencia es rebelde». En la primera cita, el señor Morodo, intelectual y demócrata, peca por no investigar y sólo apegarse a la historia oficial, cuando entendemos que el ejercicio de la diplomacia está basado en la objetividad y la certeza de la información. Creo que existe una falta de voluntad por conocer la verdad, la cual se refleja también en el nulo interés para solicitar que se investigue el asesinato de su compatriota José Manuel Vilas, hace ya dos años, después de asistir a una manifestación pacífica, lo cual hemos hecho de la embajada desde ocurrido el hecho, siendo la solicitud simplemente que se investigase con justicia el caso. Por cierto, llama también la atención la falta de diligencia para reclamar contra la confiscación de tierras a los laboriosos agricultores españoles residentes en nuestro país. La segunda afirmación, sobre la presunta inocencia del comportamiento de Chávez, es aún más audaz. No puedo creer que el embajador Morodo, en vías de jubilación, esté acostumbrado a escuchar las palabras soeces, chabacanas y camorreras con las que el «inocente» teniente coronel ataca a sus adversarios políticos, a los cuales considera enemigos. Es apropiado de la boca del inocente Chávez que descalifique a Tony Blair llamándole inmoral y sinvergüenza. No creo que al embajador le guste siquiera cómo habla Chávez de adversarios del partido político del señor Morodo, tal es el caso de José María Aznar o de Mariano Rajoy, entre otros. Porque el señor embajador no menciona la situación de persecución política a diversos ciudadanos venezolanos sólo por ser opositores. Y la falta de garantías para una legítima defensa. De nuevo no puedo creer que esa sea la política diplomática del Estado español y de su Gobierno actual. A menos que los intereses económicos puedan más que la legalidad, la razón y los principios. Con todo respeto de nuevo, y tal como lo escribió Eddie Ramírez, «los valores y principios éticos, que seguramente tiene en lo personal el embajador Morodo, se ven opacados por defender un "proceso revolucionario" que en realidad es una autocracia militarista con claras tendencias totalitarias». Pareciera una constante de mucha gente que, con alto valor intelectual, deja de profundizar sobre la realidad venezolana y hace la vista gorda cuando le conviene.