Tiempo para Hamás

OPINIÓN

CUANDO la voz soberana de un pueblo elige democráticamente a sus representantes políticos se impone el respeto a su decisión electoral sobre el gobierno que desea para su país, Estado o nación. Cierto que, si quienes han votado son los nacionales de un país sometido a una ocupación, ubicado, además, en el ojo del huracán de una región convulsa, el resultado puede y debe preocupar a la comunidad internacional. Una preocupación que, sin embargo, no justifica ni la amenaza ni la injerencia extranjera. Puede que alarme, y no sin fundamento, que Hamás haya obtenido una aplastante mayoría en las elecciones de hace unos días y puede que su histórica vinculación con el terrorismo islámico y con Irán hagan temer un vuelco dramático en la balanza de poder de Oriente Medio, pero de ahí a lanzar advertencias agresivas antes de saber, siquiera, cómo van a actuar sus representantes parlamentarios y cómo enfocarán su actuación política media un abismo. El aplastante fracaso de la invasión norteamericana en Irak, que lejos de pacificar y democratizar ha permitido el afloramiento de los odios ancestrales entre etnias, abriendo además un campo de batalla para miles de terroristas, así como el estancamiento, si no retroceso, del proceso liberalizador de un Afganistán también sumido en la violencia, no ha hecho sino incrementar el apoyo popular al radicalismo islámico en dos países claves del puzle de Oriente Medio: Irán y Palestina. Sumidos en la miseria económica, tanto iraníes como palestinos han dado su apoyo a aquéllos que los han provisto en sus necesidades más básicas mostrando un comportamiento alejado de cualquiera tipo de corrupción. Una estrategia que, por cierto, les funcionó muy bien a los Hermanos Musulmanes tanto en Turquía como en Egipto. Aunque nuestro escepticismo está basado en años de atentados, es preciso esperar y dar a Hamás la oportunidad de mostrar cuáles son sus intenciones reales. La agresiva dialéctica de quien no ejerce el poder puede transformarse en un diálogo pacífico y constructivo. Para saberlo debemos darles tiempo y no será necesario que sea demasiado.