LA NOTICIA (La Voz, 31-1) dice que Japón fabricará retretes electrónicos para Estados Unidos, que tienen asientos con calentador, chorros de agua tibia, música ambiental, etcétera. Si yo fuese el fabricante, los completaría con otras aportaciones interesantes. En primer lugar, suscribiría un convenio con la Seguridad Social para realizar, sin ningún tipo de esperas, análisis en el hogar. Luego diseñaría dispositivos para recogida directa de muestras, que permanecerían ocultos hasta que se introdujese la tarjeta sanitaria en una ranura electrónica. «Bienvenido al sistema electrónico de análisis en el hogar. Marque 1 para orina, 2 para heces, 3 para gases». A partir de ese momento, el paciente quedaría identificado y el retrete se prepararía para la recogida. En el caso de la orina, dejaría pasar la primera fracción y haría emerger el dispositivo de recogida de muestras en el momento adecuado. El sistema electrónico actuaría de forma adecuada para las otras muestras. El análisis se realizaría inmediatamente a través de los sensores acoplados al receptor de muestras y conectados a los analizadores centrales de los hospitales y centros de salud de la red sanitaria. De la impresora del retrete saldría una copia para el paciente y se transmitirían los datos al médico de cabecera o especialista on line, que, en caso de resultados alarmantes, se pondría en contacto inmediato con el paciente para darle las indicaciones que considerase oportunas. Un cromatógrafo de gases se encargaría del análisis oportuno, informando al paciente del porcentaje de gases de efecto invernadero que contienen. Los expertos on line le harían recomendaciones para alimentarse adecuadamente y disminuir su contribución personal al calentamiento global. Otros dispositivos recorrerían las nalgas tratando de detectar la piel de melocotón característica de la celulitis. En caso necesario se aplicarían cremas y masajes buscando la solución. En definitiva, sería un retrete electrónico para la salud.